Un
nuevo Estado ligado a la religión se perfila como respuesta a los agnósticos
del sistema capitalista. Con un mercado interno autosuficiente y rotativo,
pronostican en los próximos años grandes migraciones a este paraíso ajeno a la
globalización.
Por T. Münchhausen
Acceder
a la pequeña Ludopía no es algo sencillo. Es que, con una superficie apenas equiparable
a la de Luxemburgo, son cada vez más los que solicitan el permiso para fijar
residencia en el país. Los requisitos que ameritan tal privilegio son claros y
se resumen en dos simples postulados: fe ciega y renuncia a toda otra
nacionalidad.
¿Pero
en qué consiste la fe ciega? En
Ludopía, sus habitantes profesan un fervoroso culto a las galletitas de la
fortuna. Nadie se manifestó en desacuerdo al momento de votar el referéndum que
habilitó a que el Estado sostuviera con el poder de todo su patrimonio la
antigua creencia. Así nació Fortuna,
la empresa que detenta el monopolio para fabricar no sólo las populares galletas,
sino también los mensajes dogmáticos que llevan adentro.
El
asunto de la autosuficiencia surgió cuando, fruto de los ocho números escritos
en los papelitos sagrados, el ministro de economía habilitó, vía decreto de
necesidad y urgencia, la lotería nacional. En el mismo documento, se consignó el
principio de la Santísima Trinidad Fortunata: Estado, Fortuna y lotería.
Con
el triángulo completo, la estabilidad de la pujante república encontró el tan ansiado equilibrio económico . Los ciclos de Bermudas, como se los conoce en
los Estados capitalistas, se producen de la siguiente manera: