Un
nuevo Estado ligado a la religión se perfila como respuesta a los agnósticos
del sistema capitalista. Con un mercado interno autosuficiente y rotativo,
pronostican en los próximos años grandes migraciones a este paraíso ajeno a la
globalización.
Por T. Münchhausen
Acceder
a la pequeña Ludopía no es algo sencillo. Es que, con una superficie apenas equiparable
a la de Luxemburgo, son cada vez más los que solicitan el permiso para fijar
residencia en el país. Los requisitos que ameritan tal privilegio son claros y
se resumen en dos simples postulados: fe ciega y renuncia a toda otra
nacionalidad.
¿Pero
en qué consiste la fe ciega? En
Ludopía, sus habitantes profesan un fervoroso culto a las galletitas de la
fortuna. Nadie se manifestó en desacuerdo al momento de votar el referéndum que
habilitó a que el Estado sostuviera con el poder de todo su patrimonio la
antigua creencia. Así nació Fortuna,
la empresa que detenta el monopolio para fabricar no sólo las populares galletas,
sino también los mensajes dogmáticos que llevan adentro.
El
asunto de la autosuficiencia surgió cuando, fruto de los ocho números escritos
en los papelitos sagrados, el ministro de economía habilitó, vía decreto de
necesidad y urgencia, la lotería nacional. En el mismo documento, se consignó el
principio de la Santísima Trinidad Fortunata: Estado, Fortuna y lotería.
Con
el triángulo completo, la estabilidad de la pujante república encontró el tan ansiado equilibrio económico . Los ciclos de Bermudas, como se los conoce en
los Estados capitalistas, se producen de la siguiente manera:
1. El
pueblo se alimenta exclusivamente de galletitas de la fortuna, fabricadas por
la única empresa del país, Fortuna.
2.
Atento a una cuestión de culto, ya que es un pecado capital no hacerlo,
apuestan en la lotería a los ocho números de los mensajes.
3. Al
ser la lotería una ciencia inexacta - según lo establecido en el artículo primero del decreto mencionado -, semana a semana el ganador se mantiene
vacante, mientras paralelamente asciende el pozo.
4. Esto
genera una lluvia de denuncias por fraude al Estado que, al estar ligado a la religión,
debe responder con todo su patrimonio.
5. Lo
que tiene como consecuencia un fuerte endeudamiento de las arcas estatales,
que deben girar el dinero a través de una descontrolada emisión de bonos a Fortuna, hasta alcanzar la crisis del vaciamiento (de aquí se
deriva el nombre de Bermudas)
6.
Cuando se alcanza esta etapa del ciclo, suele ocurrir lo que en otras
religiones se denomina un milagro: se
anuncia el nombre del ganador de la lotería, el cual debe ser publicado en la
primera plana del bibliario semanal.
7.
El afortunado, considerado un mesías por el resto de la población,
invierte el dinero obtenido en saldar las deudas del Estado, otorgándosele a
modo de compensación un puesto en la administración de la cúpula burocrática.
8.
Refinanciada la industria de las galletitas de la fortuna, las ventas
incrementan como consecuencia de la restauración de la fe y la inmigración constante, y así se reinicia el
ciclo.
Si
bien este sistema se ubica hoy en día en el principal foco de las críticas por
parte de los Estados laicos, y más aún de la Santa Sede, lo cierto es que su
modelo se va abriendo paso como una alternativa a otro mundo carente de valores
que no sean guiados por el factor dinero.
(Extracto de Diarios)

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