Sunday, December 18, 2016

HE'STORY






            105 Años de la primera expedición para alcanzar el Polo Sur. Un semicírculo con una bandera flameando sobre una carpa iluminada y unos esquís haciendo de espantapájaros alrededor. Con esa imagen, el doodle que apareció hace cuatro días conmemoraba la expedición de Roald Amundsen. Ni bien lo vi, me vinieron muchos recuerdos a la cabeza.

            Papá tenía la costumbre de preguntarnos por distintas cosas. Si estábamos caminando por la 9 de Julio y divisaba al ceibo que se mece sobre la entrada de la Casa de las Américas, había un deber de estar atento a responder por el nombre del árbol. Lo mismo sucedía cuando uno se percataba del nido de un hornero, las flores pisoteadas del jacarandá, los pequeños algodones de azúcar del palo borracho, o quién estaba representado en un determinado monumento. Esa, más que ninguna otra, era su manera de enseñarnos.

            Una de esas tantas inquisiciones paternales estuvo enfocada en un tema que, me atrevo a afirmar, fue una de sus obsesiones: las expediciones al Polo Sur. En este caso, luego de que le diera otra demostración de mi ignorancia, me llevó hasta el living, sacó dos libros de la biblioteca y se sentó en el sillón conmigo. Mientras corría las páginas y me mostraba algunas ilustraciones, me contó que Amundsen, un noruego, había sido el primero en llegar al polo. Un mes más tarde, su competidor en la empresa, Scott, sería el primer testigo de su propia derrota. Así y todo, la expedición inglesa sería la que se mantendría en la memoria popular en los años venideros, atento a su trágico final.

            Las causas son varias, aunque las que tengo más presentes en este momento se remiten a peores condiciones climáticas en la segunda partida y al uso de ponies. Sí, por más extraño que les haya sonado a mis amigos cuando hablamos del asunto, se pueden observar fotos de equinos marchando por el continente antártico. Afortunadamente, Google intercedió en esta disputa a mi favor contra las acusaciones de mitomanía de siempre.

            Hay dos detalles que nunca voy a poder borrarme de la cabeza. Uno, es la heroica decisión de un miembro de la expedición que, al percatarse del grave estado en que se encontraba, abandonó la tienda en plena tormenta para no retrasar al resto del equipo. I am just going outside and may be some time. El otro, probablemente inverosímil, fue el hallazgo del cuerpo de Scott ocho meses posterior a su muerte, inclinado todavía con la pluma sobre su diario. La última entrada rezaba For God’s sake, look after our people.

            Cuánto hay de verdad en esas versiones que me relató mi viejo, realmente no importa. Prefiero creerlas. Las historias fueron hechas para ser contadas y, en cuanto mejores sean, es indistinto el método que se utilice para narrarlas. Como suelo alegar en mi defensa, no hay mentiras, sólo exageraciones.     



(Extracto de Diarios)

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