Wednesday, April 23, 2014

EL ESCULTOR





I shall never get you put together entirely
SYLVIA PLATH, The Colossus


            De chico quise ser muchas cosas: geógrafo (como mi abuelo), astronauta (¿quién nunca soñó con eso, o quiso tener un padre que lo fuera? – D.A., literalmente, Después de Armstrong), jugador de fútbol (para jugar en River, claramente), arquitecto (para construir el rascacielos más grande del mundo, teniendo en cuenta el precedente de César Pelli con las Petronas), dibujante (para recrear los mundos imaginarios que me mostraba mi viejo Grundig), pianista (porque según Luján – que me cuidaba de chico – si yo me sentaba a practicar iba a poder tocar mejor que Elton John y Fito Páez en sus videos de Can you feel the love tonight y Mariposa Technicolor, respectivamente) y otras tantas cosas que ya ni recuerdo. De todas las cosas que acabo de mencionar, ninguna se volvió realidad (hasta ahora, por lo menos, porque no pierdo la esperanza infantil de ser astronauta algún día). Ahora voy a hacerles un resumen de lo que pasó con mis sueños de la infancia: el geógrafo no tiene ya el mismo tipo de aventura bucólica que suponía su trabajo de antaño (las imágenes satelitales se encargaron de eso, y yo me siento como Keats cuando escribió en una carta a un amigo que el descubrimiento del prisma, a pesar de ser un gran avance para la humanidad, desmitificaba la fantasía poética del arcoíris); al astronauta ya hice referencia, pero quisiera agregar que Neil Armstrong es un fraude y eso es algo que no sé si mi niño interior pueda superar. Si tengo que hablar del jugador de fútbol, prefiero aplicar mi derecho a guardar silencio. En cuanto al arquitecto y dibujante, mi punto de inflexión lo alcancé a los once años y nunca pude superar esa capacidad de trazo, y creo que con eso basta. Dejé para el final al pianista porque, sinceramente, creo que me salteé esa parte de si te sentás a practicar: la primera vez que lo hice fue a los veintiún años, así que todavía estoy en carrera para superar a Spinetta como pianista, al menos.

Tuesday, April 15, 2014

A LIFE IN THE DAY








            La última vez que había visto un eclipse tenía diez años. Había sido en un campamento en el mes de enero, si no me falla la memoria. A eso de la una o dos de la mañana, la luna se fue cubriendo poco a poco de un manto anaranjado, medio terroso (así lo describí en ese entonces). No me acuerdo mucho de la impresión que tuve en ese momento, excepto que había visto un eclipse y que ya había cumplido con una de esas cosas que hay que presenciar antes de morirse.

Catorce años después, me levanto a la mañana y cuando enciendo el televisor para ver la temperatura y demases descubro que el fenómeno va a repetirse. El del pronóstico se llena la boca diciendo cosas que leyó hace no más de diez minutos, probablemente, y hace todo tipo de conjeturas sobre su tesis doctoral en astronomía. Detesto toda esa cháchara informativa, lo único que hay que tener en cuenta es el horario en que va a producirse el eclipse, el resto es pura lata televisiva. Me quedo cinco minutos escuchando, hasta que anuncian que el fenómeno tendrá lugar por la madrugada, fin. La verdad es que me quedé porque ponían de fondo Luna roja, y aunque la canción hable del sida y haya estado inspirada en una bandera de Túnez que tenían colgada en su estudio Supersónico – y no tenga nada que ver con un eclipse lunar –, me puso de buen humor despertarme con eso. Termino el té, apago la tele y salgo para el centro.

Saturday, April 12, 2014

TÉ CON ESENCIA DE ALBA






Light breaks where no sun shines
DYLAN THOMAS


            Desde la cocina se escuchaba el silbido de la pava, intenso, agudo, tú. Me levanté de la silla y apagué el fuego. Agarré dos tazas de porcelana, puse los saquitos de té y vertí el agua caliente para llenarlas hasta un poco más de la mitad. Era rojo, de Ceilán. Llevé las tazas hasta la mesa y las deposité enfrentadas. Me senté en una de las sillas y preparé mi té a gusto: leche hasta el tope y tres de azúcar. Mientras revolvía acerqué un platito que celaba unas magdalenas que había comprado especialmente para la ocasión. Dejé la cuchara y agarré una. Miré alrededor: la casa estaba sola, no había más compañía que la cristalina melodía de Bill Evans de fondo. Le eché una mirada a la taza solitaria, mojé la magdalena en el té y me incliné para darle un bocado. Al levantar la vista, estabas sentada frente a mí, toda de blanco, espléndida, tan pura y real como un haz de luz. Sí, no había duda, eras vos, con tu boina francesa, tus tiernos ojos de lince que sólo se perdían entre las aristas de esas sonrisas que le obsequiabas a cualquiera en tu andar tan casual, toda cubierta por ese aura de divinidad infantil que nos hacía sentir agraciados de que alguna vez hubieses formado parte de nuestras vidas.

Wednesday, April 9, 2014

MAN ON THE MOON


Foto: Francisco Cohen



Ella creía que la luna era un limón ciego.


¿Qué podía decir frente a esto, excepto que yo veía las cosas 
de una manera diferente? 
Para mí existen únicamente dos tipos de lunas:
Una rosada, con la que huyó Nick Drake,
y otra, que no era sino la ropa de su piel.


Parecía un personaje de Jarvis Cocker
Una historia que se cuenta desde lo inconcluso
Sabiendo que la única manera de entenderla
Era inventando ríos con saltos temporales,
Habitaciones con paredes como espejos, velados
Sueños que no se alimentan de la imaginación.

Sunday, April 6, 2014

WORKIN' PROGRESS


JAMES JOYCE, 1904




riverrun, past Eve and Adam’s, from swerve of shore to bend of bay, bring us by a commodius vicus of recirculation back to Howth Castle and Environs


            Tarde lluviosa en la Buenos Aires de otoño. Entramos a la sala de cine a eso de las cuatro y media, justo sobre la hora. Me entero de que van a proyectar otras dos películas más, aparte de la que habíamos tenido en mente. La primera era sobre un negro enano vestido de nazi que se llamaba Hitler, hilarante por la patética ironía con la que se lo retrataba y el final que, para mí, tuvo un sabor a Hawthorne: inimaginablemente absurdo. La siguiente consistió en un mediometraje del cine brasileño, una historia que intentaba ilustrar la banalidad de la sociedad carioca entrelazando dos situaciones que parecían construir un puente del pasado mágico hacia un presente desahuciado del país, como lo introdujo su director presente aquel día en la sala. Finalmente le llegó el turno a la película que esperábamos, The Joycean Society. Ambientada en la ciudad de Zurich, un grupo de lectura se dedica mirmidónicamente a traducir los neo-jeroglíficos concebidos en la última obra del escritor irlandés, trabajo que le demandó diecisiete años de su vida para aparecer finalmente bajo el nombre de Finnegans Wake. Considerado uno de los libros de mayor dificultad de lectura, si tuviese que encontrar una palabra para describirlo, me vería obligado a estrenar un término que hasta hoy en día nunca había utilizado: galimatías, del griego según Mateo, referido al lenguaje oscuro, casi incomprensible de la genealogía de Cristo en el Evangelio del apóstol mencionado.

Saturday, April 5, 2014



Foto: Francisco Cohen



A veces, cuando la ciudad calla
Y la noche acaricia mis sueños
Con un susurro de luces negras
Puedo comprender, por un instante,
Que ya no puedo ser quien fui
Y que es aún más tarde de lo que soy
Al despertar.



(Fragmento de El tiempo de las uvas)

Wednesday, March 26, 2014

DET FINNS ETT UTOM-SYNHALL-DRÖMMANDE



TOMAS TRANSTRÖMER




          Del 6 de octubre de 2011 data el nacimiento de Tomas Tranströmer. Para el momento en que fui testigo de su existencia a través de un monitor, ya contaba con un nombre que nunca me había sido consultado. Entonces, todo se transformó en falsa profecía y desilusión: Cees, Cormac y un clásico americano Bob fueron borrados de la lista en cuestión. No sucedió en la primera ni la segunda, sino recién en la tercera ocasión que pude pronunciármelo. Cuando pregunté el por qué del nombre, todo lo que recibí como respuesta de ensayada espontaneidad fue Porque a través de sus imágenes condensadas y traslúcidas nos permite el acceso a la realidad.
            Oriundo de las tierras bálticas, cuna de los tiempos de Odín y sus gigantes y del perdido martillo de Thor, el poeta sueco es uno de los pocos de su especie por quien mi frágil memoria se supo apiadar. Su obra me fue revelada por medio de dos antologías que contemplan la totalidad de su trabajo, El cielo a medio hacer y la breve Deshielo a mediodía. Ya desde una temprana edad se podían deducir sus dotes líricas, a las cuales nos introduce en sus 17 poemas mediante renovadas metáforas, tales como el verso que funciona a modo de apertura:

Despertar es un salto en paracaídas del sueño...

            Con el correr de las páginas y el beber de sus seductores versos, Tranströmer va atrapando al lector en su realidad, en ese ojo que es capaz de penetrar hasta la profundidad del átomo. Su mirada se va aguzando más a medida que pasa el tiempo, recoge aquello en lo que jamás nos detenemos y lo redefine a su manera; permanentemente en el detalle, como si estuviese observando a través del ojo de una cerradura. Así, por medio de lo particular da forma, color y hasta sabor a lo universal.

Thursday, March 20, 2014

A BUENOS TANGOS, MALOS AIRES



Autumn Fog, LEONID AFREMOV

Cae del cielo ceniciento
lluvia sin razón de ser.
Si hasta por mi pensamiento
veo la lluvia correr
FERNANDO PESSOA



            Nunca escuché a nadie silbar un tango. Parece una broma después de haber gastado casi un cuarto de siglo vagando entre tus calles, laberintos donde uno deja de ser el universo para ser tan sólo una gota más de las esporádicas lluvias que barren tu desierto corazón de asfalto y concreto. Pero es así, apenas pude presenciar algunos rituales de dudosa arrabalería, girando como gitanos por la calle Florida, rajándole el mango al incrédulo turista y alguna que otra triste mirada argentina. Seamos sinceros, el baile se financia en moneda extranjera. Pero en esta ciudad, ¿quién no es extranjero? Siempre me sentí como un exiliado en su propia tierra. Porteño, ¿qué significa, realmente? ¿El sólo hecho de vivir en Buenos Aires nos hace porteños? No tiene nada de especial, excepto cuando nos queremos diferenciar de gente fronteriza, pajueranos, como los llamamos, y de ahí la absurda disputa entre engreídos y boludos que, a fin de cuentas, son lo mismo; costumbre, para algunos, discriminación, para el resto. A mí me da lo mismo, porque como la mayoría de los porteños, odio al porteño. Lo único bueno que tenemos es la ciudad en donde vivimos, jungla urbana en donde se matizan los tonos cocoliche de La Boca con la arquitectura francesa del centro, hipnotizada por el monumento fálico del que nos vanagloriamos (que el obelisco sea el símbolo de Buenos Aires debe tener algo que ver con el complejo de “tenerla más grande”, ahora que lo pienso), las angostas y adoquinadas calles de San Telmo con el bullicio de sus ferias hippies e improvisadas noches de jazz vigiladas por las inaccesibles cúpulas; el folklore de Retiro y Constitución, en donde una línea de ferrocarriles divide civilización y barbarie, los recuerdos de un viejo mercado central (hoy centro de reunión de unos cuantos imbéciles sin personalidad) que mamó Carlitos para inmortalizar con su voz la argentinidad en gran parte del mundo, y tanto, tanto más...

Monday, March 17, 2014

DIAPOSITIVAS DEL ÚLTIMO BEATNIK




Take me on a trip upon your magic swirlin’ ship
LUCKY WILBURY


     It ain’t no use in callin’ out my name, gal, like you never did before…
     Estaciona la motocicleta en el umbral de la casa. Lleva un libro bajo el brazo. Una chica de cabello rubio y ojos celestes lo recibe en la puerta. Lo rodea con los brazos y lo besa. Él se queda unos segundos observándola a los ojos, y con la mirada de un profeta le dice Babe, from now on, you ain’t gonna call me Bobby anymore. Ella se queda perpleja y le pregunta por qué. Él desliza el libro debajo de su brazo y le enseña la cubierta. Ella lee 18 Poems, y por debajo lee el nombre de un poeta de apellido Thomas. No tardaría mucho en contarle el resto. En unos días partiría de Hibbing y ella sería tan sólo otro recuerdo, Echo.

     The very last thing that I’d want to do is to say I’ve been hittin’ some hard travelin’ too…
     La puerta de la casa está abierta. Entra sin pedir permiso, comprueba que nadie esté adentro y toma unos vinilos de una estantería.  No era un ladrón; simplemente un adicto que nunca habría de rehabilitarse.
     Al otro día alguien lo delata. Los dueños lo buscan y al encontrarlo lo amenazan con golpearlo y denunciarlo a las autoridades de la universidad. Él se lamenta y entre lágrimas les pide perdón, que su intención no había sido robarlos, sólo quería escuchar un poco de música. Los había tomado prestados sin permiso, nomás. Todo, de alguna extraña manera, se arregla.
     Por esos días recuerda que el mundo estuvo habitado por héroes. Al rebelde sin causa, Little Richard y Kerouac se suma el mesías, un tal Woody. Predica su música noche y día, y siguiendo sus pasos decide partir hacia la ciudad de los sueños (que, paradójicamente, es también la ciudad que nunca duerme).

Thursday, March 13, 2014

SO, WE'LL GO NO MORE A-ROVING






So, we'll go no more a-roving
So late into the night
Βύρων



            Tiempo. Eso era todo lo que aún conservaba. Tiempo que fluía como un río, desde sus venas. Tiempo que un cuerpo exhausto subastaba a un ejército de sanguijuelas por unas pocas monedas que necesitaría para cubrir sus ojos y así poder caer rendido al fin en los brazos de Morfeo.


            Unos días atrás se había propuesto instruir a un grupo de hombres para recuperar la independencia de su país, la libertad de un pueblo sometido por unos usurpadores que practicaban polvorines con monumentos históricos. No se podía decir que él fuese un soldado, precisamente, pero en la herencia de sus antepasados creía predecir un destino signado por una nueva cruzada contra la modernidad. Buscaba algo que contar, algo que justificara su existencia, algo que puliera las desgastadas letras doradas de su nombre mancilladas por su devoción al fervoroso culto a la lujuria y la infamia. Como en sus versos, quizás sólo intentaba volver el reloj atrás y ser el héroe de su propia antigüedad, probarse a sí mismo que podía ser el protagonista tanto de sus poemas como de su desencantada realidad, fundirse al fin con la ficción y convertirse de una vez por todas en el célebre Childe.