Wednesday, April 9, 2014

MAN ON THE MOON


Foto: Francisco Cohen



Ella creía que la luna era un limón ciego.


¿Qué podía decir frente a esto, excepto que yo veía las cosas 
de una manera diferente? 
Para mí existen únicamente dos tipos de lunas:
Una rosada, con la que huyó Nick Drake,
y otra, que no era sino la ropa de su piel.


Parecía un personaje de Jarvis Cocker
Una historia que se cuenta desde lo inconcluso
Sabiendo que la única manera de entenderla
Era inventando ríos con saltos temporales,
Habitaciones con paredes como espejos, velados
Sueños que no se alimentan de la imaginación.


Sí, lo recuerdo bien, ella era como un libro
En un idioma que todos conocen pero nadie comprende
Una página con nombres que sólo podía pronunciar
A modo de improvisación de un mundo que se erigía
Con su propia fe en gigantes molinos de viento.


Y éramos bien distintos, lo sé:
Ella era de origen tudesco
Yo, nieto de un sajón
Ella era de tomarse el pulso 
Yo, impulsivo hasta el infarto
Ella prefería lo tácito
Yo hacía hablar hasta al silencio
Su amor por el jazz consistía en una completa entrega
En tanto que lo mío se basaba en mostrarle desinterés para que él viniese a buscarme
Su imaginario de París era el de un snob recorriendo sus calles a saltos, mendigando un poco de amor y de Cielo
Mientras que el mío se componía de un yankee bohemio muerto de hambre, mangándole a quien sea y escribiendo escenas pornográficas por un plato de comida
&...
&...
&...
Podría seguir pero tengo falta de Whitman
Y tampoco es que todo eso sea relevante o verdadero;
A fin de cuentas, lo importante es lo que uno aprende
(Y hasta ahí)


Pero bien tengo que admitir
Que ella me hizo descubrir, entre otras cosas,
Que la mente es la madre de toda quimera
Que en la devoción no hay dios que esté satisfecho
Que la noche no es el momento más oscuro del día
Y que el arte, como el amor o el deseo consumados,
Es la ataraxia.





(Extracto de Diarios)

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