Tuesday, April 15, 2014

A LIFE IN THE DAY








            La última vez que había visto un eclipse tenía diez años. Había sido en un campamento en el mes de enero, si no me falla la memoria. A eso de la una o dos de la mañana, la luna se fue cubriendo poco a poco de un manto anaranjado, medio terroso (así lo describí en ese entonces). No me acuerdo mucho de la impresión que tuve en ese momento, excepto que había visto un eclipse y que ya había cumplido con una de esas cosas que hay que presenciar antes de morirse.

Catorce años después, me levanto a la mañana y cuando enciendo el televisor para ver la temperatura y demases descubro que el fenómeno va a repetirse. El del pronóstico se llena la boca diciendo cosas que leyó hace no más de diez minutos, probablemente, y hace todo tipo de conjeturas sobre su tesis doctoral en astronomía. Detesto toda esa cháchara informativa, lo único que hay que tener en cuenta es el horario en que va a producirse el eclipse, el resto es pura lata televisiva. Me quedo cinco minutos escuchando, hasta que anuncian que el fenómeno tendrá lugar por la madrugada, fin. La verdad es que me quedé porque ponían de fondo Luna roja, y aunque la canción hable del sida y haya estado inspirada en una bandera de Túnez que tenían colgada en su estudio Supersónico – y no tenga nada que ver con un eclipse lunar –, me puso de buen humor despertarme con eso. Termino el té, apago la tele y salgo para el centro.


En la oficina hay poco que hacer, así que despacho las cosas en un rato y el resto del tiempo lo dedico a estudiar para un examen que voy a tener a la tarde, a eso de las seis. Salgo al mediodía para almorzar y tomar algo de aire. Vuelvo al rato y me siento en mi escritorio. Me da el tiempo justo para leer todo una vez y tomarme un descanso de una hora, antes de irme a eso de las cuatro. Camino hasta la facultad y me tiro en las escaleras de la entrada del frente, la que da contra Alcorta. Saco un estudio crítico sobre The Waste Land y me aboco a su tercera lectura. Releo el pasaje sobre cómo Eliot fue concibiendo la obra y cuáles fueron sus principales influencias, titulado T.S. Eliot and the Path to the Waste Land


Throughout his life, Eliot stressed the “impersonal” element in his writing, the idea that true poetry is “an escape from personality” rather than an expression of it (…) we must learn to see his work as a series of artefacts, well-made verses that communicate matured experience through a range of traditional knowledge. At first sight this may seem passionless. It is not. Under the prim exterior, the beautifully urbane manners, was a fermenting, deeply subjective man, fully aware of

“The awful daring of a moment’s surrender
Which an age of prudence can never retract”

            Thus, though the details of Eliot’s life remain interesting – the details of a poet’s life always do – it would be naïve to assume that they “explain” the poetry. That poetry is, to repeat, a reinvestigation of the traditions of intellectual, emotional and spiritual life activated not by the scholar’s desire to pin the past down but by the poet’s need to find himself and belong to what he has inherited. (…) they are a record of “the progresse of the soule”.

            The French Symbolist poets were of great importance to Eliot’s development. The world may become – as Baudelaire had sometimes seen it – “a forest of symbols”. All the things of the material world can, in this theory, be made into images of the inner world of the poet.

            En esta parte se describen los orígenes y lecturas de Eliot, y también se habla acerca de la influencia que tuvieron Pound - en su trabajo de edición del bosquejo/borrador (draft) del poema- y su primera mujer, de quien se diría Vivienne (Haigh-Wood) ruined Tom as a man, but made him as a poet.

            La primera vez que leí The Waste Land no entendí casi nada. Me parecía un texto bastante fragmentario, inconexo y plagado de citas en idiomas que no comprendía – algunos ni siquiera sabía cuáles eran. Aprecié algunas partes y la musicalidad del poema, el sonido de las palabras. Tiene versos que uno lee y jamás se borran de la cabeza, como el que abre el poema, April is the cruellest month, o el oscuro I will show you fear in a handful of dust. Necesité cuatro lecturas y la ayuda de algunos libros, artículos y videos en internet para poder aproximarme un poco al mundo que muestra Eliot en su obra. No voy a hacer un detalle acá mismo de todas esas horas de dedicación a un poema de veinte páginas, porque hasta a mí me aburriría leerlo, pero sí resalté ese pasaje del estudio porque me parece que resume, en palabras de Coote, what a poem is and what both reader and writer derive from verse at all. Sin embargo, creo que esto se debería tener en cuenta sólo para leer a Eliot, porque en otros casos, como el de la poesía confesional (Plath, Sexton, etc.), prima la vida personal del poeta por sobre la tradición del conocimiento y cómo se asimila eso a su arte. En resumidas palabras, ahí está la clave para comprender The Waste Land.

Se hacen las seis y media, finalmente, y entro a clase para el examen. Verdadero-falso, diez ítems, si pifiás resta (un clásico examen de biología de secundario). Lo despacho en diez minutos y me voy. Afuera ya es de noche, hace frío y yo no estoy muy abrigado que digamos. Tengo que volver a terminar un trabajo que pospuse en las últimas dos semanas. El tiempo límite es la medianoche. Llego, me siento con el cuarto té del día y rayando las nueve de la noche sorteo el compromiso pendiente. Me siento a cenar, miro un poco de tele y aprovecho para irme a dormir temprano. Antes de poner la alarma recuerdo el eclipse. Bueno, es medio pelotudo, pero pasa una vez cada mucho tiempo, así que podría hacerlo.

A las cuatro me despierto sobresaltado por el ruido de la alarma. Sin muchas ganas me levanto y voy hasta el balcón. Miro al cielo pero no veo nada. Puta madre, me levanté al pedo. Voy hasta una de las esquinas y, por encima de un edificio, encuentro a la luna roja, majestuosa, loca, imponente. Seguía teniendo el mismo color tierra, aunque después de catorce años puedo ahora relacionarla también con el bronce o, quizás, con el cobre. Pienso en que en el noticiero, además de pasar Luna roja, habían puesto Jugo de luna, que tampoco tiene nada que ver con el eclipse porque habla de sexo de una manera bastante explícita, gráfica (el título lo dice todo), y me pregunto qué tipo de relación hay entre estos dos temas y mi lectura de The Waste Land, y lo único que se me ocurre es que la luna puede ser tanto un hombre como una mujer, y que por eso se podría llamar Tiresias. Período de mar negro. 




Y SU EPITAFIO LA SANGRIENTA LUNA
Y SU EPITAFIO LA SANGRIENTA LUNA
Y SU EPITAFIO LA SANGRIENTA LUNA
(Y SU EPITAFIO LA SANGRIENTA LUNA)
(Y SU EPITAFIO LA SANGRIENTA LUNA)
(Y SU EPITAFIO LA SANGRIENTA LUNA)
((Y SU EPITAFIO LA SANGRIENTA LUNA))
((Y SU EPITAFIO LA SANGRIENTA LUNA))
((Y SU EPITAFIO LA SANGRIENTA LUNA))
(((Y SU EPITAFIO LA SANGRIENTA LUNA)))
(((Y SU EPITAFIO LA SANGRIENTA LUNA)))
(((Y SU EPITAFIO LA SANGRIENTA LUNA)))



L                      R

U                   A                   O

N                      J



(Extracto de Diarios)



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