La
última vez que había visto un eclipse tenía diez años. Había sido en un
campamento en el mes de enero, si no me falla la memoria. A eso de la una o dos
de la mañana, la luna se fue cubriendo poco a poco de un manto anaranjado,
medio terroso (así lo describí en ese entonces). No me acuerdo mucho de la
impresión que tuve en ese momento, excepto que había visto un eclipse y que ya
había cumplido con una de esas cosas que hay que presenciar antes de morirse.
Catorce años después, me levanto a
la mañana y cuando enciendo el televisor para ver la temperatura y demases
descubro que el fenómeno va a repetirse. El del pronóstico se llena la boca
diciendo cosas que leyó hace no más de diez minutos, probablemente, y hace todo
tipo de conjeturas sobre su tesis doctoral en astronomía. Detesto toda esa
cháchara informativa, lo único que hay que tener en cuenta es el horario en que
va a producirse el eclipse, el resto es pura lata televisiva. Me quedo cinco
minutos escuchando, hasta que anuncian que el
fenómeno tendrá lugar por la madrugada, fin. La verdad es que me quedé
porque ponían de fondo Luna roja, y
aunque la canción hable del sida y haya estado inspirada en una bandera de
Túnez que tenían colgada en su estudio Supersónico
– y no tenga nada que ver con un eclipse lunar –, me puso de buen humor
despertarme con eso. Termino el té, apago la tele y salgo para el centro.
En la oficina hay poco que hacer,
así que despacho las cosas en un rato y el resto del tiempo lo dedico a
estudiar para un examen que voy a tener a la tarde, a eso de las seis. Salgo al
mediodía para almorzar y tomar algo de aire. Vuelvo al rato y me siento en mi
escritorio. Me da el tiempo justo para leer todo una vez y tomarme un descanso
de una hora, antes de irme a eso de las cuatro. Camino hasta la facultad y me
tiro en las escaleras de la entrada del frente, la que da contra Alcorta. Saco
un estudio crítico sobre The Waste Land
y me aboco a su tercera lectura. Releo el pasaje sobre cómo Eliot fue
concibiendo la obra y cuáles fueron sus principales influencias, titulado T.S. Eliot and the Path to the Waste Land.
Throughout his life, Eliot
stressed the “impersonal” element in his writing, the idea that true poetry is
“an escape from personality” rather than an expression of it (…) we must learn
to see his work as a series of artefacts, well-made verses that communicate
matured experience through a range of traditional knowledge. At first sight this
may seem passionless. It is not. Under the prim exterior, the beautifully
urbane manners, was a fermenting, deeply subjective man, fully aware of
“The awful daring of a
moment’s surrender
Which an age of prudence
can never retract”
Thus,
though the details of Eliot’s life remain interesting – the details of a poet’s
life always do – it would be naïve to assume that they “explain” the poetry. That
poetry is, to repeat, a reinvestigation of the traditions of intellectual,
emotional and spiritual life activated not by the scholar’s desire to pin the
past down but by the poet’s need to find himself and belong to what he has
inherited. (…) they are a record of “the progresse of the soule”.
The
French Symbolist poets were of great importance to Eliot’s development. The
world may become – as Baudelaire had sometimes seen it – “a forest of symbols”.
All the things of the material world can, in this theory, be made into images
of the inner world of the poet.
En esta parte se describen los orígenes y lecturas de
Eliot, y también se habla acerca de la influencia que tuvieron Pound - en su trabajo
de edición del bosquejo/borrador (draft)
del poema- y su primera mujer, de quien se diría Vivienne (Haigh-Wood) ruined
Tom as a man, but made him as a poet.
La
primera vez que leí The Waste Land no
entendí casi nada. Me parecía un texto bastante fragmentario, inconexo y
plagado de citas en idiomas que no comprendía – algunos ni siquiera sabía
cuáles eran. Aprecié algunas partes y la musicalidad del poema, el sonido de
las palabras. Tiene versos que uno lee y jamás se borran de la cabeza, como el
que abre el poema, April is the cruellest
month, o el oscuro I will show you
fear in a handful of dust. Necesité cuatro lecturas y la ayuda de algunos
libros, artículos y videos en internet para poder aproximarme un poco al mundo
que muestra Eliot en su obra. No voy a hacer un detalle acá mismo de todas esas
horas de dedicación a un poema de veinte páginas, porque hasta a mí me
aburriría leerlo, pero sí resalté ese pasaje del estudio porque me parece que
resume, en palabras de Coote, what a poem
is and what both reader and writer derive from verse at all. Sin embargo, creo
que esto se debería tener en cuenta sólo para leer a Eliot, porque en otros
casos, como el de la poesía confesional (Plath, Sexton, etc.), prima la vida
personal del poeta por sobre la tradición del conocimiento y cómo se asimila
eso a su arte. En resumidas palabras, ahí está la clave para comprender The Waste Land.
Se hacen las seis y media,
finalmente, y entro a clase para el examen. Verdadero-falso, diez ítems, si
pifiás resta (un clásico examen de biología de secundario). Lo despacho en diez
minutos y me voy. Afuera ya es de noche, hace frío y yo no estoy muy abrigado
que digamos. Tengo que volver a terminar un trabajo que pospuse en las últimas
dos semanas. El tiempo límite es la medianoche. Llego, me siento con el cuarto
té del día y rayando las nueve de la noche sorteo el compromiso pendiente. Me
siento a cenar, miro un poco de tele y aprovecho para irme a dormir temprano.
Antes de poner la alarma recuerdo el eclipse. Bueno, es medio pelotudo, pero pasa una vez cada mucho tiempo, así que
podría hacerlo.
A las cuatro me despierto
sobresaltado por el ruido de la alarma. Sin muchas ganas me levanto y voy hasta
el balcón. Miro al cielo pero no veo nada. Puta
madre, me levanté al pedo. Voy hasta una de las esquinas y, por encima de
un edificio, encuentro a la luna roja, majestuosa, loca, imponente. Seguía
teniendo el mismo color tierra, aunque después de catorce años puedo ahora
relacionarla también con el bronce o, quizás, con el cobre. Pienso en que en el
noticiero, además de pasar Luna roja,
habían puesto Jugo de luna, que
tampoco tiene nada que ver con el eclipse porque habla de sexo de una manera
bastante explícita, gráfica (el título lo dice todo), y me pregunto qué tipo de
relación hay entre estos dos temas y mi lectura de The Waste Land, y lo único que se me ocurre es que la luna puede ser tanto un hombre como una mujer, y que por
eso se podría llamar Tiresias. Período de mar negro.
Y
SU EPITAFIO LA SANGRIENTA LUNA
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SU EPITAFIO LA SANGRIENTA LUNA
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SU EPITAFIO LA SANGRIENTA LUNA
(Y
SU EPITAFIO LA SANGRIENTA LUNA)
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SU EPITAFIO LA SANGRIENTA LUNA)
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SU EPITAFIO LA SANGRIENTA LUNA)
((Y SU EPITAFIO LA SANGRIENTA LUNA))
((Y SU EPITAFIO LA SANGRIENTA LUNA))
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SU EPITAFIO LA SANGRIENTA LUNA)))
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SU EPITAFIO LA SANGRIENTA LUNA)))
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SU EPITAFIO LA SANGRIENTA LUNA)))
L R
U A O
N J
(Extracto de Diarios)

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