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| TOMAS TRANSTRÖMER |
Del 6 de octubre de 2011 data el nacimiento de Tomas
Tranströmer. Para el momento en que fui testigo de su existencia a través de un
monitor, ya contaba con un nombre que nunca me había sido consultado. Entonces,
todo se transformó en falsa profecía y desilusión: Cees, Cormac y un clásico
americano Bob fueron borrados de la lista en cuestión. No sucedió en la primera
ni la segunda, sino recién en la tercera ocasión que pude pronunciármelo.
Cuando pregunté el por qué del nombre, todo lo que recibí como respuesta de
ensayada espontaneidad fue Porque a
través de sus imágenes condensadas y traslúcidas nos permite el acceso a la
realidad.
Oriundo
de las tierras bálticas, cuna de los tiempos de Odín y sus gigantes y del
perdido martillo de Thor, el poeta sueco es uno de los pocos de su especie por
quien mi frágil memoria se supo apiadar. Su obra me fue revelada por medio de
dos antologías que contemplan la totalidad de su trabajo, El cielo a medio hacer y la breve Deshielo a mediodía. Ya desde una temprana edad se podían deducir
sus dotes líricas, a las cuales nos introduce en sus 17 poemas mediante renovadas metáforas, tales como el verso que
funciona a modo de apertura:
Despertar
es un salto en paracaídas del sueño...
Con
el correr de las páginas y el beber de sus seductores versos, Tranströmer va
atrapando al lector en su realidad, en ese ojo que es capaz de penetrar hasta
la profundidad del átomo. Su mirada se va aguzando más a medida que pasa el
tiempo, recoge aquello en lo que jamás nos detenemos y lo redefine a su manera;
permanentemente en el detalle, como si estuviese observando a través del ojo de
una cerradura. Así, por medio de lo particular da forma, color y hasta sabor a
lo universal.
Los
temas que desarrolla Tranströmer en su obra son diversos, algunos de ellos aún
hoy indescifrables para mí (caso de algunos haikus, especialmente). Sin
embargo, no es muy complicado deducir sus principales preocupaciones a la hora
de expresarse por medio de la poesía, canal íntimamente ligado con su profesión
de psicólogo. Pueden enunciarse el tema del sueño – el mismo poeta lo explica
en sus palabras El poema no es otra cosa
que un sueño que yo realizo en la vigilia -, la sorpresa en la rutina
diaria, el paso de las estaciones (tópico en el que destaca una mayor calidez
hacia el invierno) y todo aquello que se encuentra en perfecto equilibrio y
armonía con la naturaleza, siempre tratado con cierto extrañamiento, hecho que
fue cubriendo a su obra bajo un halo de misticismo. La mención de Dios, entre
otras palabras, no pasa desapercibida y tiene un carácter significativo en la
poesía de Tranströmer
Viento
de Dios en la espalda
El
tiro llega sordo
Sueño
demasiado largo
Por dicha razón es catalogado por algunos críticos
como un “poeta cristiano”.
Olvidé
referirme a otra de las grandes pasiones del nobel sueco que se vio
inevitablemente involucrada en sus versos: la música. Pianista por afición, en
varios de sus poemas resalta el amor que profesa por dicho arte. Puede ser
visto aún hoy ejecutando piezas instrumentales, a pesar de contar con la mitad
del cuerpo paralizado a causa de un accidente cerebro vascular ocurrido en
1990, que acaso predijo en su extenso poema Bálticos,
principal fuente de inspiración del texto que escribo.
No
quedan muchas más palabras por decir, pues todo lo que destaco aquí no es ni una
partícula de la obra del poeta que me fue impuesto por capricho del destino,
pero al cual adopté sin miramientos mas que los versos de los cuales me sirvió
y hoy al mundo convido. Por último, me gustaría citar un fragmento de su obra a
propósito de los sueños que no puede ser encontrado en sus libros y que, de
haberme hecho falta en su momento, quizás me habría llevado a encasillar su
nombre en el olvido.
Me voy a la cama como si fuese una
fiesta. El despertar es casi siempre una desilusión.
* Una posible traducción del título es: Hay un soñar-fuera-del-alcance
(Extracto de Diarios)

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