Saturday, March 8, 2014

EL DÍA EN QUE LA POESÍA DEJÓ DE SER PURO VERSO



SIEGFRIED SASSOON





When I'm among a blaze of lights,
With tawdry music and cigars
And women dawdling through delights,
And officers at cocktail bars,-
Sometimes I think of garden nights
And elm trees nodding at the stars.
I dream of a small firelit room
With yellow candles burning straight,
And glowing pictures in the gloom,
And kindly books that hold me late.
Of things like these I love to think
When I can never be alone:
Then someone says "Another drink?"-
And turns my living heart to stone

SIEGFRIED SASSOON, 1916.





            ¿Cuál es el uso de la poesía? ¿Por qué la poesía sería algo imprescindible en el mundo? Me lo suelo preguntar a menudo, sobre todo cuando releo algún texto mío. Es común asignarle un valor del tipo catártico, considerarlo una forma de terapia. Pero eso no fue siempre así. Cuando era chico, me habían enseñado (como a todos, supongo) que la poesía tiene como objetivo expresar sentimientos de amor. Todavía recuerdo el primer poema que me hicieron leer en la primaria, una especie de cuento de hadas que mezclaba a Romeo y Julieta con algo como Rapunzel. Incluso en ese entonces me pareció algo repugnante y baladí. A eso se debía agregar la cuota de irracionalidad que tenía leer en verso, algo que era justificado a la manera de todas las cosas en esos días: un axioma (literalmente porque es así). En fin, la poesía no era algo interesante, no tenía ningún tipo de valor o poder y, encima, era algo cursi y estúpido.
            No fue hasta que mi padre me refirió la historia de Siegfried Sassoon que mi visión respecto a la poesía se vio drásticamente afectada. Sassoon, que en su trilogía autobiográfica se convierte en George Sherston, era un aficionado a la cacería de zorros, un deporte que todavía se practicaba en Inglaterra por aquellos días. En la primera parte, titulada Memoirs of a Fox Hunting Man, nos refiere el período que abarca desde su temprana infancia hasta el comienzo de la guerra. En todo ese tiempo desarrolla su pasión por convertirse en un fox hunting man - siguiendo los pasos de Dixon (quien lo introduce en ese mundo) y más tarde de un chico que había conocido en su primera expedición, Denis - pero también se interesa por otra actividad que le daría fama y renombre a futuro: la poesía. En este período escribe poemas ligados a la naturaleza y otro tipo de percepciones más introspectivas, ajenas al terror bélico del porvenir. Es durante la guerra que Sassoon puede desarrollar sus versos más ilustres y famosos, por los que aún hoy se lo recuerda y, no está de más decir, la razón por la cual me interesé en primer lugar por la lírica. No sé si sea cierto o no, pero prefiero creer que fue de la forma en que me lo contó mi padre. Según su relato, cuando Sassoon se encontraba en pleno combate, en medio de una balacera de trincheras, envuelto en un mundo de horrores que sólo quien lo haya vivido puede comprenderlo, con nada más que polvo de tierra contaminado de muerte, sangre y gases lacrimógenos prematuros, y el estruendo de las bombas (con el que sería diagnosticado por un superior para evitar ser considerado un traidor a la patria por querer publicar un acta en donde proclamaba el sacrificio en vano de toda una generación por una causa que se había transformado en nada más que un sucio negocio) todavía resonando en los infiernos de la mente, dejaba su arma para empuñar otra de mayor calibre, el papel y la pluma, y se dedicaba a esa cosa liviana, alada y sagrada a quien alguien tuvo la noble ocurrencia de bautizar Poesía.

            Me gusta pensar en que allí debía encontrar el único refugio, resquicio de luz, la última esperanza de belleza e iluminación en un mundo sumido en penumbras. La imagen del soldado respondiendo a la guerra mediante la poesía fue lo que me hizo descubrir el poder de su arte y someterme de por vida a su amor incondicional. Es cierto que la poesía no puede ni podrá jamás borrar los trágicos eventos de la guerra, pero creo comprender que lo que Sassoon anhelaba a través de sus versos no era eso, sino todo lo contrario: concebir el brote de otra flor en medio de un campo devastado, cubierto de sal.



(Extracto de Diarios)

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