Smile, though your heart is aching
Smile, even though it’s breaking
Parece ser un lugar común ver a dios en la austeridad.
Con esto no me refiero a nada de lo que predica el actual Papa, sino a esa
constante de recibir un mensaje divino a través de los más desafortunados, o en
otras palabras, vagabundos, locos, ebrios y/o mendigos.
Esto
me vino a la mente a propósito de haber recordado un momento del viaje por
Centroamérica, cuando esperaba el bondi para ir al Cerro Verde. Nos habíamos
levantado bien temprano para tomar un taxi a la estación de buses que habíamos
reservado la noche anterior. Sacamos los boletos ni bien abrió, y tras buscar
en dos o tres kioscos, nos sentamos en la esquina a tomar un jugo de naranja mientras esperábamos que se
hiciera la hora. A media cuadra, unos tipos nos relojeaban y debatían en ronda.
Eran cuatro o cinco, de gran contextura. Uno giraba como un gusano
arrastrándose por el piso en su bolsa de dormir, contestándole al resto en ese
lenguaje mudo que es la distancia. Después de dos minutos de este cuadro de
Gauguin versión caribeña, el hombre oruga emergió cual serpiente que cambia la
piel, y voló hacia nosotros con sus polvorientas alas de mariposa recién
nacida. My friends, empezó su
monólogo, you look like Italian. Le
aclaramos que éramos argentinos antes de que siguiera, y de un segundo al otro,
nos confiaba que él y uno de sus hijos habían estado en una estancia de Buenos
Aires, que todavía soñaba con la carne, y antes de dejarnos siquiera opinar,
continuó su rutina entonando los versos más famosos de Facundo Cabral, no soy de aquí, ni soy de allá...









