Saturday, November 19, 2016

NEAR WILD HEAVEN








Not near enough

Nota: primero poner Near Wild Heaven (2 - demo) de R.E.M.
https://www.youtube.com/watch?v=ZBYsNpVsA7c

            Lo primero es el valle. No sé exactamente por qué, pero ni bien arranca el primer compás, ya estamos envueltos en un pueblo situado en un valle. No termino de entender si es uno en la Costa Oeste, como esos californianos que describe Steinbeck, o si se asocia más a uno de Noruega, Dinamarca, o mejor como del estilo de Los Alpes, (t)he sound of music.

            El sonido envolvente se va descomponiendo en sus instrumentos, como si uno fuera un punto de vista distinto, un narrador, un espectador, un ojo de cámara diferente. La guitarra, un espejo de agua perturbado por la luz anaranjada. La mano de Peter Buck arroja grush tras grush, pintando todo lo que sea color azul, celeste amargo. El lago reflejado en el cielo, las nubes que van fluyendo a medida que sobre los trastes de la guitarra se trazan las marcas de sus formas evanescentes, el paso del tiempo, un eterno atardecer. Si uno presta atención a la batería, las manos de Barry dibujan con la técnica de un cardiograma el contorno de las montañas, dando vueltas en círculo al valle, parado en un centro de trescientos sesenta grados. Por debajo, la vida monótona, la tranquilidad que pisa el bajo con sus pasos de rutina.


            El turno del narrador, ese sujeto que cuenta la historia de todas esas personas. Michael Stipe, con su look ateniense del sur de Estados Unidos: la camisa blanca con manchas de tierra, los tiradores, el pantalón oscuro, o marrón, y por encima de su calva creciente, un sombrero de fieltro coronando esa media luna mordida. Aparece perdiéndose entre las personas del pueblo, pateando las calles con olor a oro extinto, un ámbar que sólo se roban las abejas del tiempo.

            El proyector se mueve sin parar, de un plano a otro: unos chicos corriendo, un anciano apoyado en una ventana los ve pasar; adentro de un bar unos adolescentes se escabullen del miedo de crecer, fabulando codo a codo mitologías para sus hijos. Repentinamente, reaparece Michael sentado en el borde del lago y su cara gigantesca se tatúa despintada en el cielo, dos planos que se superponen entre los regaños de una vida tranquila, pero sin emociones. Se lo percibe consternado, como si se estuviera preguntando si el paraíso es el lugar del hombre. ¿Es a eso a lo que apuntamos? No, responden las voces de fondo, no estamos ni un poco cerca, ni un poco cerca, 

            not near enough, not near enough...
           


(Extracto de Diarios)




Grushguitar-brush

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