On dit des Porteños (...) que ce sont
des Italiens qui parlent espagnol, se prennent pour des Anglais et rêvent
d’être Français
PAULINE
DAMOUR
Champs Elysées. La versión de Zaz suena
de fondo y me veo parado en el techo del Arco del Triunfo contemplando la avenida.
Todavía no lo sabía, pero horas más tarde me iba a tomar el avión a
Madrid sin haberla caminado. Doce son las avenidas que nacen (o mueren) en el arco, un
reloj a destiempo. La aguja de asfalto marcaba hacia la torre, ya era muy
tarde.
La
canción fluye y quiero llenar mi vacío con una galería de fotos y un artículo sobre
su historia. Ya una vez fuera del arco, Patricio me había contado lo que ahora
estaba leyendo. Napoleón III le había encargado remodelar el centro de París al
barón Haussmann, destruyendo no sólo el espacio físico, sino también la
relación social de los lutecianos con su hogar. Así, bajo un manto hedonista
marchaban ejércitos invisibles por los bulevares para reprimir rebeliones
silenciosas. Las flores del mal. No faltan los lamentos de que todo tiempo
pasado fue mejor. Baudelaire testifica construyendo un mausoleo a la antigua
ciudad medieval en su poema Le cygne.
Pienso
en esa tarde que le mostré a Aude un mapa casi completo de toda mi infancia y
adolescencia. Mientras recorríamos uno a uno todos los lugares que transité, le
reconstruía mi vieja Buenos Aires, esa ciudad hecha de edificios, sensaciones y
personas que sólo habitan en mi memoria. Se me vienen un sinnúmero de recuerdos
a la cabeza, pero el que tengo más presente en este momento es el de la plaza
frente al Village Recoleta. Le señalé un espacio vacío y le conté que hacía unos
años había en su lugar una pequeña pirámide. Desde los seis años había intentado treparme
hasta la cúspide, pero ni cumplidos los trece había logrado alcanzarla. Ahora
que ya no está más, la cima no es otra cosa que un sueño imposible. Una
metáfora de la vida misma, capitulé.
(Extracto de Diarios)

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