Fue derrotado por
animales con pies de plata,
animales que eran a la
vez hombres: centauros (...)
no fue derrotado por un
poder, sino por una interpretación.
CEES NOOTEBOOM, El desvío a
Santiago
Hace
relativamente poco tiempo me volví cómplice de un mito que, incluso dentro del
mundo literario, es algo prácticamente desconocido. Según me fue revelado,
existiría un poema inédito del romántico John Keats, escrito durante su período
de mayor plenitud, el de las llamadas odas.
El manuscrito, aseguran, fue sustraído por Joseph Severn tras la muerte del
poeta, para luego extraviarse en el viaje de vuelta a su país natal.
El
propio Severn habría comentado en más de una ocasión a propósito de la obra perdida
de su entrañable amigo, tres estrofas de once versos cada una que, bajo el
título de Ode to a centaur, sabía
entretejer su historia personal con el mito de las criaturas mitad hombre,
mitad caballo. El poema, un canto elegíaco a su difunto padre, iniciaba con la
despedida de un hombre a sus hijos tras una visita a su escuela, y se extendía
en la partida a caballo hacia el crepúsculo, tan sólo para detenerse frente a
un instante de introspección del jinete. La segunda estrofa, acaso la que acabó
persuadiendo a Keats de mantenerlo ajeno al público, detallaba la expedición de
un grupo de conquistadores en busca de Eldorado,
que representaba para él su ideal de esplendor, según las notas en los márgenes
de la hoja. En la última estrofa, una recreación de la batalla de Cajamarca, el
yo lírico se posicionaba en los ojos de los vencidos, atestiguando la
transformación de un grupo de hombres en centauros armados de los cañones que
alguna vez había fabricado Satán en el
paraíso perdido. Los cuatro versos finales, ya una tormenta de sangre,
fuego y del fulgor del Sol hecho prisionero de la noche, hallarían la respuesta
a la inexplicable muerte de su padre, ahora un centauro que es alcanzado por
una flecha destinada a morder su talón invisible.








