... y
entonces el Hombre clamó al Cielo, ¿Cómo
sobrevivir a uno mismo, oh Selenitas?**
*Escritor, crítico y filósofo belga de finales del
siglo XIX y primera mitad del XX, conocido por su estilo exageradamente
minimalista. Nació el 12 de febrero de 1890 en Brujas, hijo de familia española.
Tras una breve estadía en su país natal, sus padres retornaron a Madrid, lugar
en donde se formaría y haría sus primeras incursiones en el ambiente literario.
Participó como soldado de la Primera Guerra Mundial, en la cual resultó herido
y se vio obligado a retirarse a una finca de ex combatientes. Allí conoció a
otros escritores que ejercerían una clara influencia en el desarrollo de su
estilo. Existen indicios vehementes de que fue autor de una vasta obra, entre
las cuales algunos estudiosos afirman que se encuentra La raison de l’océanographie. Hoy en día, de todas sus páginas sólo
se conserva este famoso fragmento, respetándose así el deseo testamentario del
autor de quemar el resto de sus trabajos tras su muerte, hecho que aconteció el
26 de agosto de 1951, a los 61 años de edad.
**Selenitas.
Dícese de los habitantes de la luna. Respecto a las posibles interpretaciones
de esta línea, la crítica se encuentra dividida principalmente en dos
posiciones: por un lado, los que objetan cualquier tipo de contenido racional;
por el otro, aquellos que hallan una clara manifestación del estado de
desesperación frente a la inmortalidad. La luna, como metáfora de la locura,
actúa a modo de referencia de todos los locos del mundo que buscan (claman) al Cielo. Ha de tenerse en
cuenta los usos de las mayúsculas para comprender el sentido genérico del
texto, lo cual hace suponer que el autor no compartía elementos en común con el
resto de la literatura expresionista de su tiempo. Un grupo minoritario
sostiene que la obra está inspirada en la película del cineasta francés Georges
Méliès, Voyage
dans la lune, en alusión a un episodio en el que Sannouvelle enterró la
pluma en su muñeca para escribir en rojo un posible diálogo a dicho film, del
cual se decía que había visto un total de mil novecientas ochenta y cuatro
veces.
ANDRÉ MOTROI,
Contre Sainte-Où
Belle
(2008)

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