A la sombra de un amanecer
Vi a un hombre abrirse paso
Por la hendija del horizonte
Sus alas, ya plegadas, batían un inútil vuelo,
Caída libre que transforma la pluma en idea,
Cambio, deseo, vida y muerte; eterna imaginación.
En él se adivinaba la mirada perdida
En un rincón divino, jardín sin recuerdos.
Su alborada inmortal, dormida
Sobre dos soles de obsidiana,
Devastaba paisajes de guerras pasadas
Y me traía de vuelta a su orilla
En donde nos sentamos, hombre y niño,
A cavar un pozo para atesorar el mar,
Ansiando encontrar una caracola en la arena
Y así poder oír, al menos una vez más,
El placer de los sueños, el sonido de la paz.
Para Santi
(Extracto de Diarios)

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