Thursday, April 2, 2015

EL MANUSCRITO PERDIDO DE KEATS






Fue derrotado por animales con pies de plata,
animales que eran a la vez hombres: centauros (...)
no fue derrotado por un poder, sino por una interpretación.
CEES NOOTEBOOM, El desvío a Santiago


            Hace relativamente poco tiempo me volví cómplice de un mito que, incluso dentro del mundo literario, es algo prácticamente desconocido. Según me fue revelado, existiría un poema inédito del romántico John Keats, escrito durante su período de mayor plenitud, el de las llamadas odas. El manuscrito, aseguran, fue sustraído por Joseph Severn tras la muerte del poeta, para luego extraviarse en el viaje de vuelta a su país natal.

            El propio Severn habría comentado en más de una ocasión a propósito de la obra perdida de su entrañable amigo, tres estrofas de once versos cada una que, bajo el título de Ode to a centaur, sabía entretejer su historia personal con el mito de las criaturas mitad hombre, mitad caballo. El poema, un canto elegíaco a su difunto padre, iniciaba con la despedida de un hombre a sus hijos tras una visita a su escuela, y se extendía en la partida a caballo hacia el crepúsculo, tan sólo para detenerse frente a un instante de introspección del jinete. La segunda estrofa, acaso la que acabó persuadiendo a Keats de mantenerlo ajeno al público, detallaba la expedición de un grupo de conquistadores en busca de Eldorado, que representaba para él su ideal de esplendor, según las notas en los márgenes de la hoja. En la última estrofa, una recreación de la batalla de Cajamarca, el yo lírico se posicionaba en los ojos de los vencidos, atestiguando la transformación de un grupo de hombres en centauros armados de los cañones que alguna vez había fabricado Satán en el paraíso perdido. Los cuatro versos finales, ya una tormenta de sangre, fuego y del fulgor del Sol hecho prisionero de la noche, hallarían la respuesta a la inexplicable muerte de su padre, ahora un centauro que es alcanzado por una flecha destinada a morder su talón invisible.


            Existen teorías que afirman que, entre los años 1950 y 1951, un todavía incipiente Cortázar se habría convertido en dueño del famoso manuscrito tras adquirir accidentalmente en una tienda de antigüedades un curioso diario que, descubriría más tarde, había pertenecido a Severn. El escritor, fiel devoto a la lírica de Keats, abrevaría de estas aguas para concebir algunos de sus relatos más memorables, tales como Todos los fuegos, el fuego, Las armas secretas y La noche boca arriba.

            Otras concepciones de la leyenda se jactan de que todo el asunto no puede deberse a otra cosa más que a una de las tantas invenciones de Borges y Bioy Casares, a quienes se los acusa de haber pergeñado la historia con la sola intención de imprimirla para la oralidad, e incentivados por la credulidad del círculo literario, se habrían negado a publicarla en forma escrita, dejando así la puerta abierta a una infinidad de especulaciones.


            En lo que respecta a la veracidad del manuscrito de Keats, no hay indicios fehacientes de su existencia. Sin embargo, quiero remarcar que cuando nos atenemos a ciertos hechos históricos, siempre preferimos creer fervientemente que (por ejemplo) Pizarro, al ser asesinado, escribió en la tierra una cruz con su sangre antes de morir e imploró al nombre de Jesús. La literatura, como todos bien sabemos, se alimenta masticando fragmentos de realidad, deformándolos poco a poco, hasta que ya no les queda nada de sabor y se ve obligada a escupírnosla en la cara, en forma de ficción.                         



(Extracto de Diarios)

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