Friday, April 24, 2015

A VECES, NO SOY YO



Foto de Julián "Pablo" Yamada.




La vida es un poco así:
Levantarse todas las mañanas deseando estar muerto.
Muerto porque nunca enganchás un ciclo de sueño
Y porque los sueños se acaban, indefectiblemente,
Antes de su mejor momento.

Del otro lado del espejo te espera
La misma cara,
La misma mirada,
La misma puteada,
Pero qué pajero...
Cuatro horas por día, una leve borrachera.

Te arrastrás hasta la cocina,
Prendés el café y te tomás la tele.
Mirás la temperatura y descartás
Uno, dos, tres sueños que tuviste.
Te queda uno:
Estabas en un McDonald's, comiendo.
Aparece un fiscal (que no es Nisman)
Y te pide cuarenta lucas.
Vos, que vivís en el infierno inflacionario
Del resumen porteño de Spinetta,
Flasheás que son cuatrocientos pesos en la vida real
Y le firmás un cheque pensando que,
Algún día, va a saber devolverte el favor.
Inexplicablemente, vas a la caja a pagar
(Por lo que ya comiste)
Y cuando pasa la tarjeta te dice que no tenés fondos.
Entrás en razón de que alguien te cagó
Y, por sobre todo, de que sos un pelotudo que firma cheques de cuarenta lucas,
Y sos víctima de la peor paranoia
Y llamás a tu hermano, que es abogado,
Y mientras le relatás los hechos
- De forma precisa y minuciosa, como sabés que hay que hacerlo
Porque si no te desestiman la denuncia o pretensión de una -
Comprendés, poco a poco, que todo es un delirio
Y te levantás todo agitado, tirando las sábanas al piso
Al grito de ¡Ese hijo de puta, lo voy a ahogar en el Sena!

Te reís solo un buen rato,
Hasta que te acordás de que tenés que estudiar,
Y que tu jefa te dijo que si te pediste dos días
Lo mínimo que espera es que te vaya increíblemente bien.
Se te borra la sonrisa estúpida que tenías tatuada en la cara.
No importa, hasta las cinco de la tarde faltan siete horas
Y eso es más que suficiente para leer, releer y, quizás,
Si el aburrimiento no te gana, pegarle una ojeada más.
Pero primero la computadora, ponerse al día con todo eso
Que pasó en esas indispensables cuatro horas en las que,
No hay duda, alguien pudo haber inventado otro Facebook
Y vos, por seguir el consejo de Borges de leer a los clásicos
En lugar de los diarios, te convertiste en un boludo que vive en un tupper.


Quince minutos, media hora como mucho, no más,
Y así, entre video y video, te quedás como una polilla
Imantado a la pantalla, hasta que suena el celular.
Mirás a la esquina del reloj y son casi las doce.
No leíste nada, tampoco te bañaste.
Sólo te la pasaste viciando con un montón de pelotudeces
Que ni siquiera te interesaban, excepto para olvidarte
De que el mundo espera que vos te sientes a estudiar
Para llegar a ser, algún día no muy lejano, un buen profesional,
O, por lo menos, que no firmes cheques de cuarenta lucas a ningún fiscal.

En ducharte y cambiarte no demorás más de media hora,
Y una vez que todo está listo, agarrás una pila de papeles
Los metés en la mochila, revisás que estén los auriculares
Y salís a buscar, como un mendigo sin techo,
Un lugar en donde, milagrosamente, puedas concentrarte.
Caminás otra media hora, hasta que estás cerca de la Facultad,
Te sentás en un café y, como ridículo que sos, te pedís un té.
Ubicás el mejor asiento, contra el ventanal que da a la calle,
Le pedís permiso a un viejo para sentarte enfrente suyo,
Y mientras el tipo te dice que como está libre es tuyo
Y te felicita por comportarte como una persona normal,
Vos abrís el bolso y sacás todo lo que tenés adentro,
Medio a las puteadas, y comprobás que está absolutamente todo,
Excepto lo de la materia que tenés que rendir hoy.

Amagás a volar el té por los aires, te levantás hecho una furia
Y volvés a casa insultándote una y otra vez,
Parando sólo para armar teorías conspirativas
Planificadas por un ejército de duendes invisibles
Que se desviven para que te resignes con el derecho.

Son cerca de las dos de la tarde, y lo único que se te ocurre
Es volver a prender la computadora, porque quizás la necesites...
No sé... para que alguien te pase un resumen de las preguntas del examen.
Youtube. Ponés a Cerati, para variar.
Lo dejás y te vas a sentar a un sillón
Con una torre de papeles pintarrajeados de amarillo
Y un montón de garabatos a los costados que apenas entendés.
Pensás en que tu vieja te dice que estás obsesionado con la gente muerta
Y te recordás a vos mismo contestándole que no es tu culpa
Que la gente que te interesa sea adicta a las drogas
O que hayan pasado más de cien años desde que nacieron
O que sean lo suficientemente locos o depresivos
Como para pegarse un corchazo o ahogarse o lo que sea,
Y que no empiece con las pelotudeces que dicen algunos en tu trabajo
De que tal o cual se lo tiene merecido por “drogueta”,
Porque lo único que va a hereder, cuando mueras de sobredosis
Van a ser un montón de deudas
(Aparte del cargo de conciencia)

No. No podés estudiar escuchando a este tipo,
Te distrae demasiado. Mejor poner algo que resbale,
Algo como Illya Kuryaki, que no entendés nada de lo que cantan,
Pero que suena un poco como Prince, Michael Jackson y Jamiroquai juntos,
Y con todos esos no tenés problema.

Dos horas se van con los ojos puestos
En el derecho internacional público.
Leer todo una vez, basta. Se sabe.
Volvés a poner todo en la Jansport
Que se abre sola todo el tiempo
Y te pide a gritos que la jubiles,
Agarrás el celular, mirás la hora,
Ves que vas a llegar tarde, y te tomás un taxi.
Llegás mordiéndole el talón a las cinco,
Buscás desesperado un certificado de examen
- No vaya a ser que después te digan
Que inventás parciales para no ir a laburar-,
Y te mandás hasta el aula esa que da a la plaza
De la flor plateada y de los remontadores de barriletes
Que sólo van a practicar cuando estás encerrado en clase.
Sale un profesor, pide un acto de valentía
Y vos, como venís preparado para tu muerte,
Creés que te están invitando a representarla en vivo,
Y entrás por la puerta (que es siempre) de marfil.

Te piden que les digas el programa de punta a punta
Y en cuanto menos lo esperabas, entrás en tu faceta de actor,
Esa habilidad que tenías de chico y que creías haber perdido.
Nada más triste que ser un showman del derecho.
En el medio del examen, la adjunta pide que bajes la voz.
Te disculpás como podés, que no es tu culpa hablar tan alto,
Hacés la del técnico con su equipo y seguís así un rato,
Hasta que te preguntan si leíste este fallo. Le contestás que no,
Pero que podés contarles de otro de Estados Unidos.
Aceptan, y la charla de café se extiende hasta la Guerra Fría
Y acaban debatiendo sobre la caída del muro de Berlín
Y la Glasnost política y no sé qué otra cosa económica,
Sólo para que cuando termines te den la mano y te feliciten.
Es la primera vez que te pasa en tu vida,
La primera vez que derrochás una paleta entera de datos de color
Y te sirve para algo más que Mirá vos, qué interesante.

Salís. Afuera te esperan tus amigos de siempre,
Esos que, como vos, decidieron memorizar las leyes
De lo que, hace poco comprendiste, son los grandes burócratas.
Te fumás un pucho, les hacés un cuentito de tu día
Y te vas a tomar unas birras con ellos,
A matarte esas pocas neuronas que tanto hiciste trabajar.
Uno de tus amigos te quiere invitar algo
Pero todo lo que pedís no lo tienen, o lo quieren otros,
Y la cajera te recomienda un sándwich vegetal con hummus.
Querés decirle que si te está viendo cara de Santiago Nasar
O qué, y te resignás a comerte esa mentira de muerte anunciada.
La cerveza roja la rompe, el sándwich te da náuseas.
Le terminás robando la mitad de la comida a los otros.
Te comprás dos o tres birras más, lo que sea
Con tal de sacarte el gusto de lo que venías comiendo,
Y empieza a surtir efecto la inconsciencia.
Te reís de todo como un idiota, y salís con la típica
Uh, ¿por qué no hacemos esto todos los viernes?
Te recuerdan que salen una hora y media más tarde que vos
Y jurás que, de ahora en adelante, vas a hacer huevo ese rato,
Aunque bien sabés que eso sólo lo decís de borracho.

Uno se tiene que ir a jugar al fútbol,
El otro a seguir con su vida, y vos, que ya te da todo igual,
Te conformás con acompañarlos para poder, apenas te dejen solo,
Ponerte los auriculares y delirar con esa desnaturalización sonora
Que sólo sabe producirte el estado de ebriedad.
El primero se toma un bondi.
Con el otro hacés doce cuadras y le chocás la mano.
Hacés el resto escuchando a la Electric Light Orchestra
Porque Mauro te dijo que Jeff Lynne va a sacar un disco nuevo.
Apurás el paso y en menos de veinte minutos estás en tu casa.
Tirás todo por ahí, volvés a prender la computadora
Esperando ver el obituario de Zuckeberg, pero no. No se murió.
Qué inconveniente, pensás, y te ponés a rezarle a su altar
Ornamentado con las fotos de todos y cada uno de sus santos
Y vírgenes en estampitas que se ven de todo, menos de perfil.
Un montón de mierda, nada nuevo. Querés decírselo,
Y te ponés a tipear como un loco desenfrenado.
Querés que sepan que un collage de fotos con caras de boludos
Y mensajes de ciento cuarenta caracteres no es muy distinto
A todo esto que venís haciendo,
Y te das cuenta de que venís escribiendo todo en segunda persona
Porque el que escribe,
Ahora y la mayoría de las veces,

NO SOS VOS.
(Extracto de Diarios)

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