Tuesday, April 29, 2014

DEL ORIGEN DE LAS COSAS





Remember when you were small
How people seemed so tall


            Antes de irme a dormir, tenía la costumbre de pedirle a mi madre que me contara historias. No me importaba que repitiera alguna. Es más, a veces quería escuchar historias que ya conocía, especialmente las de índole fantástica. Creía que, de alguna forma, en la repetición iba a revelar el misterio del relato; tenía la extraña idea de que a mi mamá se le iba a escapar esa verdad oculta, aparentemente inexplicable.    

            Ella tenía dos tipos de fábulas: las que eran para divertirnos y asombrarnos (netamente autobiográficas, como las de los barcos fantasmas y tormentas que asolaban la costa marplatense), y otras que le valieron un parentesco con los hermanos Grimm en la posteridad. Sí, mi vieja sufría algún tipo de trastorno respecto de los accidentes y me quería prevenir de todo: que si hay una tormenta eléctrica no agarres nada de metal, tirá el reloj y ponete en posición horizontal, nunca debajo de un árbol; si se para el ascensor ni se te ocurra saltar porque va a arrancar y te va a partir a la mitad, y si no te va a hacer efecto vacío igual y con eso no se jode; si te cortás con algo oxidado avisame porque te puede agarrar no-me-acuerdo-qué y te van a tener que dar la antitetánica; ni se te ocurra usar pirotecnia porque siempre algún familiar termina herido, y tampoco te olvides de que es mejor no salir en año nuevo porque te puede atravesar una bala perdida, etcétera, etcétera, etcétera. Y como si eso fuese poco, para todo tenía algún ejemplo: un chico que le cayó un rayo por agarrar una sombrilla en las playas de Brasil, su hermano que se voló los dientes tirándose con la bici por un barranco, algún tipo de la facultad que se cayó por el ascensor... en fin, mi vieja era ilustrativa, bien gráfica, y eso era algo esperable, teniendo en cuenta su ascendencia alemana; estaba en los genes, y por lo que me contó mi viejo, ella contaba historias igual que su padre, que no era sino otro paranoico.

Monday, April 28, 2014

ASIMETRÍA







Asimetría.

            Afuera todo. Afuera del mundo. Todo en esta habitación, en este pensamiento que se fragmenta como un leproso. Hay que arder, y sólo arder: quemar las barcas, incinerar la madera que flota en el océano, y que dios la vea desde las alturas, como la única y más perfecta perla que se haya visto, perdida en el eterno cosmos. Te veo, abriéndote paso por la cerradura, ese ojo infinito que atrapa con una sola mirada la totalidad del universo. Y todo se funde en oscuridad, pero yo sigo ahí. Me alejo de mi cuerpo por unos instantes, quiero tener otra perspectiva, quiero tener una vista panorámica de mi ser. Observo desde los 360 ángulos que nos permitieron conocer, y me doy cuenta de que ya no soy yo, que ese hombre, a quien  podría describir como una aguja, es otro. Ya no me mira, ni siquiera. Me da la espalda por miedo, vergüenza u odio, simplemente. Ni él ni yo sabemos quién nos abandonó primero. Tampoco nos importa ya, es sólo una excusa, un pretexto, una razón de ser. Hay un silencio que nos une, un secreto que nos hace cómplices y no nos permite morir: él quiere ser yo, pero yo no quiero ser él. Yo lo amo, él me desprecia. Y a pesar de eso, yo no desespero, sé que no puede escapar de mí, y que aunque no lo quiera y haga todo lo posible por evitarlo, vamos a estar unidos por el resto de la eternidad. Y sin embargo, quiero que sepas, no podría nunca dejar de odiarte. Uno.

Thursday, April 24, 2014

(OH, WHAT DID YOU SEE) MY BLUE-EYED SON



DYLAN THOMAS


A worm tells better summer than the clock

            Primero el chico que se enamora de las palabras y decide convertirse en un poeta. Esa condición es previa a todo, está detallada implícitamente en el código astrológico de la persona. Al principio hay una entrega total, una devoción irremediable, un culto ciego a un dios que necesita la voz de un fiel que lo invoque para existir. Nace otro niño que cava un pozo en la arena con el sólo propósito de decirle a quién sabe cuántos hombres-en-busca-de-la-fe que allí hará caber el mar.

Wednesday, April 23, 2014

EL ESCULTOR





I shall never get you put together entirely
SYLVIA PLATH, The Colossus


            De chico quise ser muchas cosas: geógrafo (como mi abuelo), astronauta (¿quién nunca soñó con eso, o quiso tener un padre que lo fuera? – D.A., literalmente, Después de Armstrong), jugador de fútbol (para jugar en River, claramente), arquitecto (para construir el rascacielos más grande del mundo, teniendo en cuenta el precedente de César Pelli con las Petronas), dibujante (para recrear los mundos imaginarios que me mostraba mi viejo Grundig), pianista (porque según Luján – que me cuidaba de chico – si yo me sentaba a practicar iba a poder tocar mejor que Elton John y Fito Páez en sus videos de Can you feel the love tonight y Mariposa Technicolor, respectivamente) y otras tantas cosas que ya ni recuerdo. De todas las cosas que acabo de mencionar, ninguna se volvió realidad (hasta ahora, por lo menos, porque no pierdo la esperanza infantil de ser astronauta algún día). Ahora voy a hacerles un resumen de lo que pasó con mis sueños de la infancia: el geógrafo no tiene ya el mismo tipo de aventura bucólica que suponía su trabajo de antaño (las imágenes satelitales se encargaron de eso, y yo me siento como Keats cuando escribió en una carta a un amigo que el descubrimiento del prisma, a pesar de ser un gran avance para la humanidad, desmitificaba la fantasía poética del arcoíris); al astronauta ya hice referencia, pero quisiera agregar que Neil Armstrong es un fraude y eso es algo que no sé si mi niño interior pueda superar. Si tengo que hablar del jugador de fútbol, prefiero aplicar mi derecho a guardar silencio. En cuanto al arquitecto y dibujante, mi punto de inflexión lo alcancé a los once años y nunca pude superar esa capacidad de trazo, y creo que con eso basta. Dejé para el final al pianista porque, sinceramente, creo que me salteé esa parte de si te sentás a practicar: la primera vez que lo hice fue a los veintiún años, así que todavía estoy en carrera para superar a Spinetta como pianista, al menos.

Tuesday, April 15, 2014

A LIFE IN THE DAY








            La última vez que había visto un eclipse tenía diez años. Había sido en un campamento en el mes de enero, si no me falla la memoria. A eso de la una o dos de la mañana, la luna se fue cubriendo poco a poco de un manto anaranjado, medio terroso (así lo describí en ese entonces). No me acuerdo mucho de la impresión que tuve en ese momento, excepto que había visto un eclipse y que ya había cumplido con una de esas cosas que hay que presenciar antes de morirse.

Catorce años después, me levanto a la mañana y cuando enciendo el televisor para ver la temperatura y demases descubro que el fenómeno va a repetirse. El del pronóstico se llena la boca diciendo cosas que leyó hace no más de diez minutos, probablemente, y hace todo tipo de conjeturas sobre su tesis doctoral en astronomía. Detesto toda esa cháchara informativa, lo único que hay que tener en cuenta es el horario en que va a producirse el eclipse, el resto es pura lata televisiva. Me quedo cinco minutos escuchando, hasta que anuncian que el fenómeno tendrá lugar por la madrugada, fin. La verdad es que me quedé porque ponían de fondo Luna roja, y aunque la canción hable del sida y haya estado inspirada en una bandera de Túnez que tenían colgada en su estudio Supersónico – y no tenga nada que ver con un eclipse lunar –, me puso de buen humor despertarme con eso. Termino el té, apago la tele y salgo para el centro.

Saturday, April 12, 2014

TÉ CON ESENCIA DE ALBA






Light breaks where no sun shines
DYLAN THOMAS


            Desde la cocina se escuchaba el silbido de la pava, intenso, agudo, . Me levanté de la silla y apagué el fuego. Agarré dos tazas de porcelana, puse los saquitos de té y vertí el agua caliente para llenarlas hasta un poco más de la mitad. Era rojo, de Ceilán. Llevé las tazas hasta la mesa y las deposité enfrentadas. Me senté en una de las sillas y preparé mi té a gusto: leche hasta el tope y tres de azúcar. Mientras revolvía acerqué un platito que celaba unas magdalenas que había comprado especialmente para la ocasión. Dejé la cuchara y agarré una. Miré alrededor: la casa estaba sola, no había más compañía que la cristalina melodía de Bill Evans de fondo. Le eché una mirada a la taza solitaria, mojé la magdalena en el té y me incliné para darle un bocado. Al levantar la vista, estabas sentada frente a mí, toda de blanco, espléndida, tan pura y real como un haz de luz. Sí, no había duda, eras vos, con tu boina francesa, tus tiernos ojos de lince que sólo se perdían entre las aristas de esas sonrisas que le obsequiabas a cualquiera en tu andar tan casual, toda cubierta por ese aura de divinidad infantil que nos hacía sentir agraciados de que alguna vez hubieses formado parte de nuestras vidas.

Wednesday, April 9, 2014

MAN ON THE MOON


Foto: Francisco Cohen



Ella creía que la luna era un limón ciego.


¿Qué podía decir frente a esto, excepto que yo veía las cosas 
de una manera diferente? 
Para mí existen únicamente dos tipos de lunas:
Una rosada, con la que huyó Nick Drake,
y otra, que no era sino la ropa de su piel.


Parecía un personaje de Jarvis Cocker
Una historia que se cuenta desde lo inconcluso
Sabiendo que la única manera de entenderla
Era inventando ríos con saltos temporales,
Habitaciones con paredes como espejos, velados
Sueños que no se alimentan de la imaginación.

Sunday, April 6, 2014

WORKIN' PROGRESS


JAMES JOYCE, 1904




riverrun, past Eve and Adam’s, from swerve of shore to bend of bay, bring us by a commodius vicus of recirculation back to Howth Castle and Environs


            Tarde lluviosa en la Buenos Aires de otoño. Entramos a la sala de cine a eso de las cuatro y media, justo sobre la hora. Me entero de que van a proyectar otras dos películas más, aparte de la que habíamos tenido en mente. La primera era sobre un negro enano vestido de nazi que se llamaba Hitler, hilarante por la patética ironía con la que se lo retrataba y el final que, para mí, tuvo un sabor a Hawthorne: inimaginablemente absurdo. La siguiente consistió en un mediometraje del cine brasileño, una historia que intentaba ilustrar la banalidad de la sociedad carioca entrelazando dos situaciones que parecían construir un puente del pasado mágico hacia un presente desahuciado del país, como lo introdujo su director presente aquel día en la sala. Finalmente le llegó el turno a la película que esperábamos, The Joycean Society. Ambientada en la ciudad de Zurich, un grupo de lectura se dedica mirmidónicamente a traducir los neo-jeroglíficos concebidos en la última obra del escritor irlandés, trabajo que le demandó diecisiete años de su vida para aparecer finalmente bajo el nombre de Finnegans Wake. Considerado uno de los libros de mayor dificultad de lectura, si tuviese que encontrar una palabra para describirlo, me vería obligado a estrenar un término que hasta hoy en día nunca había utilizado: galimatías, del griego según Mateo, referido al lenguaje oscuro, casi incomprensible de la genealogía de Cristo en el Evangelio del apóstol mencionado.

Saturday, April 5, 2014



Foto: Francisco Cohen



A veces, cuando la ciudad calla
Y la noche acaricia mis sueños
Con un susurro de luces negras
Puedo comprender, por un instante,
Que ya no puedo ser quien fui
Y que es aún más tarde de lo que soy
Al despertar.



(Fragmento de El tiempo de las uvas)