Wednesday, March 26, 2014

DET FINNS ETT UTOM-SYNHALL-DRÖMMANDE



TOMAS TRANSTRÖMER




          Del 6 de octubre de 2011 data el nacimiento de Tomas Tranströmer. Para el momento en que fui testigo de su existencia a través de un monitor, ya contaba con un nombre que nunca me había sido consultado. Entonces, todo se transformó en falsa profecía y desilusión: Cees, Cormac y un clásico americano Bob fueron borrados de la lista en cuestión. No sucedió en la primera ni la segunda, sino recién en la tercera ocasión que pude pronunciármelo. Cuando pregunté el por qué del nombre, todo lo que recibí como respuesta de ensayada espontaneidad fue Porque a través de sus imágenes condensadas y traslúcidas nos permite el acceso a la realidad.
            Oriundo de las tierras bálticas, cuna de los tiempos de Odín y sus gigantes y del perdido martillo de Thor, el poeta sueco es uno de los pocos de su especie por quien mi frágil memoria se supo apiadar. Su obra me fue revelada por medio de dos antologías que contemplan la totalidad de su trabajo, El cielo a medio hacer y la breve Deshielo a mediodía. Ya desde una temprana edad se podían deducir sus dotes líricas, a las cuales nos introduce en sus 17 poemas mediante renovadas metáforas, tales como el verso que funciona a modo de apertura:

Despertar es un salto en paracaídas del sueño...

            Con el correr de las páginas y el beber de sus seductores versos, Tranströmer va atrapando al lector en su realidad, en ese ojo que es capaz de penetrar hasta la profundidad del átomo. Su mirada se va aguzando más a medida que pasa el tiempo, recoge aquello en lo que jamás nos detenemos y lo redefine a su manera; permanentemente en el detalle, como si estuviese observando a través del ojo de una cerradura. Así, por medio de lo particular da forma, color y hasta sabor a lo universal.

Thursday, March 20, 2014

A BUENOS TANGOS, MALOS AIRES



Autumn Fog, LEONID AFREMOV

Cae del cielo ceniciento
lluvia sin razón de ser.
Si hasta por mi pensamiento
veo la lluvia correr
FERNANDO PESSOA



            Nunca escuché a nadie silbar un tango. Parece una broma después de haber gastado casi un cuarto de siglo vagando entre tus calles, laberintos donde uno deja de ser el universo para ser tan sólo una gota más de las esporádicas lluvias que barren tu desierto corazón de asfalto y concreto. Pero es así, apenas pude presenciar algunos rituales de dudosa arrabalería, girando como gitanos por la calle Florida, rajándole el mango al incrédulo turista y alguna que otra triste mirada argentina. Seamos sinceros, el baile se financia en moneda extranjera. Pero en esta ciudad, ¿quién no es extranjero? Siempre me sentí como un exiliado en su propia tierra. Porteño, ¿qué significa, realmente? ¿El sólo hecho de vivir en Buenos Aires nos hace porteños? No tiene nada de especial, excepto cuando nos queremos diferenciar de gente fronteriza, pajueranos, como los llamamos, y de ahí la absurda disputa entre engreídos y boludos que, a fin de cuentas, son lo mismo; costumbre, para algunos, discriminación, para el resto. A mí me da lo mismo, porque como la mayoría de los porteños, odio al porteño. Lo único bueno que tenemos es la ciudad en donde vivimos, jungla urbana en donde se matizan los tonos cocoliche de La Boca con la arquitectura francesa del centro, hipnotizada por el monumento fálico del que nos vanagloriamos (que el obelisco sea el símbolo de Buenos Aires debe tener algo que ver con el complejo de “tenerla más grande”, ahora que lo pienso), las angostas y adoquinadas calles de San Telmo con el bullicio de sus ferias hippies e improvisadas noches de jazz vigiladas por las inaccesibles cúpulas; el folklore de Retiro y Constitución, en donde una línea de ferrocarriles divide civilización y barbarie, los recuerdos de un viejo mercado central (hoy centro de reunión de unos cuantos imbéciles sin personalidad) que mamó Carlitos para inmortalizar con su voz la argentinidad en gran parte del mundo, y tanto, tanto más...

Monday, March 17, 2014

DIAPOSITIVAS DEL ÚLTIMO BEATNIK




Take me on a trip upon your magic swirlin’ ship
LUCKY WILBURY


     It ain’t no use in callin’ out my name, gal, like you never did before…
     Estaciona la motocicleta en el umbral de la casa. Lleva un libro bajo el brazo. Una chica de cabello rubio y ojos celestes lo recibe en la puerta. Lo rodea con los brazos y lo besa. Él se queda unos segundos observándola a los ojos, y con la mirada de un profeta le dice Babe, from now on, you ain’t gonna call me Bobby anymore. Ella se queda perpleja y le pregunta por qué. Él desliza el libro debajo de su brazo y le enseña la cubierta. Ella lee 18 Poems, y por debajo lee el nombre de un poeta de apellido Thomas. No tardaría mucho en contarle el resto. En unos días partiría de Hibbing y ella sería tan sólo otro recuerdo, Echo.

     The very last thing that I’d want to do is to say I’ve been hittin’ some hard travelin’ too…
     La puerta de la casa está abierta. Entra sin pedir permiso, comprueba que nadie esté adentro y toma unos vinilos de una estantería.  No era un ladrón; simplemente un adicto que nunca habría de rehabilitarse.
     Al otro día alguien lo delata. Los dueños lo buscan y al encontrarlo lo amenazan con golpearlo y denunciarlo a las autoridades de la universidad. Él se lamenta y entre lágrimas les pide perdón, que su intención no había sido robarlos, sólo quería escuchar un poco de música. Los había tomado prestados sin permiso, nomás. Todo, de alguna extraña manera, se arregla.
     Por esos días recuerda que el mundo estuvo habitado por héroes. Al rebelde sin causa, Little Richard y Kerouac se suma el mesías, un tal Woody. Predica su música noche y día, y siguiendo sus pasos decide partir hacia la ciudad de los sueños (que, paradójicamente, es también la ciudad que nunca duerme).

Thursday, March 13, 2014

SO, WE'LL GO NO MORE A-ROVING






So, we'll go no more a-roving
So late into the night
Βύρων



            Tiempo. Eso era todo lo que aún conservaba. Tiempo que fluía como un río, desde sus venas. Tiempo que un cuerpo exhausto subastaba a un ejército de sanguijuelas por unas pocas monedas que necesitaría para cubrir sus ojos y así poder caer rendido al fin en los brazos de Morfeo.


            Unos días atrás se había propuesto instruir a un grupo de hombres para recuperar la independencia de su país, la libertad de un pueblo sometido por unos usurpadores que practicaban polvorines con monumentos históricos. No se podía decir que él fuese un soldado, precisamente, pero en la herencia de sus antepasados creía predecir un destino signado por una nueva cruzada contra la modernidad. Buscaba algo que contar, algo que justificara su existencia, algo que puliera las desgastadas letras doradas de su nombre mancilladas por su devoción al fervoroso culto a la lujuria y la infamia. Como en sus versos, quizás sólo intentaba volver el reloj atrás y ser el héroe de su propia antigüedad, probarse a sí mismo que podía ser el protagonista tanto de sus poemas como de su desencantada realidad, fundirse al fin con la ficción y convertirse de una vez por todas en el célebre Childe.
     
      

Tuesday, March 11, 2014

DETACHED THOUGHTS

LORD BYRON



            On the sea and on the shore he was a wanderer..., recita Byron en The Dream, apropósito de su paso de la infancia a la adultez. Le encuentro tantos sentidos distintos a estas palabras, que me llevan a pensar en la cuestión que me trajo hasta acá: ¿la poesía es lo que el poeta quiso decir con sus palabras, o es lo que nosotros interpretamos de ellas? Puedo suponer que Byron hablaba de su vida errante, exiliado de su patria, viajando por las costas mediterráneas, o bien que en ese pasaje del niño (sea) al hombre (shore), no encontró la respuesta. Si lo llevo al plano personal, puedo aplicarle tanto lo último que acabo de describir, así como mi ausencia de pertenencia a algún lugar en particular. No sé si alguna de todas estas interpretaciones que acabo de mencionar hayan sido tenidas en cuenta por el bardo al momento de componer sus versos, pero... ¿acaso eso importa, realmente? La poesía debe estar escondida en ese espacio entre el corazón del poeta y mis ojos que buscan oír los ecos de sus latidos.    



(Extracto de Diarios)

Saturday, March 8, 2014

EL DÍA EN QUE LA POESÍA DEJÓ DE SER PURO VERSO



SIEGFRIED SASSOON





When I'm among a blaze of lights,
With tawdry music and cigars
And women dawdling through delights,
And officers at cocktail bars,-
Sometimes I think of garden nights
And elm trees nodding at the stars.
I dream of a small firelit room
With yellow candles burning straight,
And glowing pictures in the gloom,
And kindly books that hold me late.
Of things like these I love to think
When I can never be alone:
Then someone says "Another drink?"-
And turns my living heart to stone

SIEGFRIED SASSOON, 1916.





            ¿Cuál es el uso de la poesía? ¿Por qué la poesía sería algo imprescindible en el mundo? Me lo suelo preguntar a menudo, sobre todo cuando releo algún texto mío. Es común asignarle un valor del tipo catártico, considerarlo una forma de terapia. Pero eso no fue siempre así. Cuando era chico, me habían enseñado (como a todos, supongo) que la poesía tiene como objetivo expresar sentimientos de amor. Todavía recuerdo el primer poema que me hicieron leer en la primaria, una especie de cuento de hadas que mezclaba a Romeo y Julieta con algo como Rapunzel. Incluso en ese entonces me pareció algo repugnante y baladí. A eso se debía agregar la cuota de irracionalidad que tenía leer en verso, algo que era justificado a la manera de todas las cosas en esos días: un axioma (literalmente porque es así). En fin, la poesía no era algo interesante, no tenía ningún tipo de valor o poder y, encima, era algo cursi y estúpido.

Friday, March 7, 2014

LA VOZ DE LA CONCIENCIA



SEAMUS HEANEY (1939-2013)




His last gruel of winter seeds
SEAMUS HEANEY


            Esa mañana se levantó temprano, como de costumbre, previo al despuntar del alba. Debía llegar a horario a la fábrica o de lo contrario tendría que buscar otro empleo. El invierno se colaba por debajo del marco de la ventana y se batía en un interminable duelo contra la salamandra acorralada en un rincón de la habitación. El televisor se encendió automáticamente y él pudo vislumbrar el logo del National Geographic en la esquina inferior de la pantalla. Se quedó un minuto intentando armar el rompecabezas del sueño, pero todo intento fue saboteado por la voz narradora de la televisión: ... momias en Jutland, escuchó. Había perdido el intervalo de lucidez onírica. Se levantó perezosamente de la cama y se dirigió a la cocina. Abrió la heladera, sacó la leche. Agarró un plato y los cereales de la alacena y se preparó su desayuno de cada mañana. Escasea la carne en invierno, las mujeres usan mucho abrigo. Masticaba como un rumiante, se le hacía una pasta en la boca, mascaba granos y semillas, pensaba en la última cena, debía ir a misa, hacía mucho que no iba a la iglesia, quizás por eso tenía tantos problemas últimamente. Todo beneficio requiere un sacrificio, Dios así lo escribió, o así lo interpretaron sus fieles. Comió hasta dejar el plato completamente limpio, hasta hizo ese acto inapropiado de sorber la leche estancada que a su madre tanto le irritaba. Se levantó de la mesa y se metió en el baño. Se quitó la ropa mecánicamente y abrió la canilla de agua caliente. Se sentó un rato en el inodoro como buen pensador de Rodin purgar, purgar, purgar... entre ruidos pecaminosos. Se limpió. Doce minutos bastaron para que se llenara la bañadera. Se sumergió, lentamente, dejando sólo la cabeza afuera. Una vez que estuvo plácidamente recostado, cerró los ojos y pensó en la mujer de la fábrica. Primero, los dos trabajando, intercambiando miradas lascivas. Unos segundos después, la desnudaba en su cuarto. Buscó con una mano un cinturón que estaba en el suelo del baño. Se puso de pie. Armar un lazo, lo hizo atando el cinturón al caño de la ducha y acto seguido metió la cabeza y ajustó el nudo. Empezó a tocarla, cada vez más y más rápido, cada vez sus gritos eran más reales; en cada ida y vuelta se desarmaba y volvía a armar, incesante, hasta que se ahogó en una prolongada respiración para alcanzar el éxtasis, el limbo enhiesto y el cenit del cuerpo que se deja caer al vacío de una fría noche escandinava, inerte. Depositar en la fosa, fue lo último que llegó a escuchar.

             Miles de segundos más tarde, dos vecinos encontrarían el cadáver intacto, conservado aún por la bañadera.     




(De Valparaíso)

Saturday, March 1, 2014

EL PARAÍSO PERDIDO

De Favourite English Poems





            El día en que hicimos la caminata que lleva al viejo Lahuán supe el lugar exacto en donde se esconde el paraíso. Se los dije a mis amigos, pero no estoy seguro de que alguno de ellos sienta lo mismo que yo, quizás porque el paraíso es algo que no se puede compartir con otros, quizás porque ese lugar está en uno mismo y no tiene otro sendero que el que sólo nuestro propio ser puede recorrer. Lo cierto es que a unos diez minutos del árbol de ochocientos años hay un claro de una belleza incomparable que ninguna revista de turismo y pesca en el sur puede describir, ni menos igualar con la vanidad de una fotografía (y lo digo con conocimiento de causa, porque también intenté, sin resultado, captarlo todo con el pestañeo inmortal).

            Esa tarde nos ofrecía un cielo despejado, de un híbrido salmón dorado, el prehistórico ámbar de los arrayanes a una y otra orilla, la mirada vacía de un lago verde-musgo con algún que otro tronco a la deriva, un suelo minado de bosta de caballo (asumimos) y un hombre que representaba perfectamente su papel de extranjero fanático de la pesca con mosca. Llegamos arrastrando los palos de arrayán que habíamos agarrado en el camino, improvisamos un trípode que no terminó sirviendo para nada y les pedimos a unas personas que nos cruzamos por ahí que nos sacasen unas fotos. Una vez terminado todo ese rito absurdo que exige todo viaje, nos sentamos a contemplar el paisaje y descansar un rato. Todos, excepto yo, habían ido a andar en kayak y se la pasaban hablando del instructor, un tipo del sistema penitenciario que apostaba compulsivamente asados y opinaba acerca de todo tipo de temas: la juventud perdida, los sueldos de su rubro, un poco de cómo usar el remo y, por sobre todas las cosas, de drogas que nunca consumiría pero de las que todos sabíamos que era partícipe.