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| Foto de Julián "Pablo" Yamada. |
La vida es un poco así:
Levantarse todas las mañanas deseando estar muerto.
Muerto porque nunca enganchás un ciclo de sueño
Y porque los sueños se acaban, indefectiblemente,
Antes de su mejor momento.
Del otro lado del espejo te espera
La misma cara,
La misma mirada,
La misma puteada,
Pero
qué pajero...
Cuatro horas por día, una leve borrachera.
Te arrastrás hasta la cocina,
Prendés el café y te tomás la tele.
Mirás la temperatura y descartás
Uno, dos, tres sueños que tuviste.
Te queda uno:
Estabas en un McDonald's, comiendo.
Aparece un fiscal (que no es Nisman)
Y te pide cuarenta lucas.
Vos, que vivís en el infierno inflacionario
Del resumen porteño de Spinetta,
Flasheás que son cuatrocientos pesos en la vida real
Y le firmás un cheque pensando que,
Algún día, va a saber devolverte el favor.
Inexplicablemente, vas a la caja a pagar
(Por lo que ya comiste)
Y cuando pasa la tarjeta te dice que no tenés fondos.
Entrás en razón de que alguien te cagó
Y, por sobre todo, de que sos un pelotudo que firma
cheques de cuarenta lucas,
Y sos víctima de la peor paranoia
Y llamás a tu hermano, que es abogado,
Y mientras le relatás los hechos
- De forma precisa y minuciosa, como sabés que hay que
hacerlo
Porque si no te desestiman la denuncia o pretensión de
una -
Comprendés, poco a poco, que todo es un delirio
Y te levantás todo agitado, tirando las sábanas al piso
Al grito de ¡Ese
hijo de puta, lo voy a ahogar en el Sena!
Te reís solo un buen rato,
Hasta que te acordás de que tenés que estudiar,
Y que tu jefa te dijo que si te pediste dos días
Lo mínimo que espera es que te vaya increíblemente
bien.
Se te borra la sonrisa estúpida que tenías tatuada en
la cara.
No importa, hasta las cinco de la tarde faltan siete
horas
Y eso es más que suficiente para leer, releer y,
quizás,
Si el aburrimiento no te gana, pegarle una ojeada más.
Pero primero la computadora, ponerse al día con todo
eso
Que pasó en esas indispensables cuatro horas en las
que,
No hay duda, alguien pudo haber inventado otro
Facebook
Y vos, por seguir el consejo de Borges de leer a los
clásicos
En lugar de los diarios, te convertiste en un boludo
que vive en un tupper.