Something's happening here
but you don't know what it
is
Do you, Mr Jones?
No
más simulacros, no más noches blancas. Desde el momento en que los
infieles se acercaron a ese otro falso profeta, el sueño de Juan fue
realidad. El salvador murió acribillado por un séquito de
iscariotes a quienes les pesaba más la fe que el oro o su propia
vida. El sacerdote subió al improvisado altar de madera y bendijo la
última cena. Niños, hombres, mujeres y ancianos formaron una fila
para recibir el sacramento final. Todos bebieron el líquido rojo,
incluso aquellos escépticos que debieron confirmarse que se trataba
de la sangre de Cristo a punta de pistola. Ahora nadie podría
quitarles el paraíso que alguna vez había vuelto a nacer a orillas
del río Orinoco. El verdadero mesías les había revelado el secreto del más
allá; nada le quedaba por hacer al buen pastor que guiar a su rebaño
a través del sendero perdido. Así tomó el arma entre sus manos,
apuntó al corazón, pronunció un mantra y, tras la oración,
ejecutó el tiro de gracia.
Al
poco tiempo descubrirían los más de novecientos cuerpos inertes que
yacían dispersos en la hierba por la colonia de Jonestown: asesinatos que los medios de comunicación harían pasar por suicidios,
como lo había hecho su artífice confundiendo la belleza con el horror de la muerte. Era el 18 de
noviembre de 1978.
(Extracto de Diarios)

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