Tuesday, July 25, 2017

LA TIERRA BALDÍA







Cuando crucé Bélice de punta a punta
partiendo de Flores hacia Tulum
me encontré con un paisaje desolador:
el cielo, una cartulina celeste con manchas de cal,
junto con las casas de madera color pastel
parecían el set tercermundista del Gran Hotel Budapest.
A cada momento tenía la impresión
de que todo iba a volar por los aires
arrastrado por un viento huracanado.
Ya veía las astillas y los clavos levantándose en retirada
mientras disparaba la moneda octogonal para probar suerte,
cuando a la vera del asfalto mis ojos se vieron cautivados
por una procesión que buscaba un lugar entre las tumbas
para que un alma pudiera refugiarse en la ciudad de los muertos.
Lo extraño era que allí no se levantaban muros ni cercas
entre un mundo y el otro. Dios los había abandonado.

(O será que no le habrá hecho falta trazar
una frontera entre la vida y la muerte).




(Fragmento de Diarios)

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