Friday, July 21, 2017

NEW YORK, THE APPLE OF HER EYE









Es la primera exposición de Diane Arbus en Argentina. Son fotos del principio de su carrera. Yo la conocí por el libro de Sontag, quien le dedicó gran parte del segundo ensayo. Recuerdo haber googleado algunas de sus retratos más famosos, grabándoseme en la retina el chico con la granada de juguete en la mano.

La instalación en el Malba es pobre en textos explicativos. Aportan poco y nada, lo que supone un reto más interesante, un encuentro cara a cara con ese caleidoscopio en donde bailan pequeños cuadrados de gelatina de plata. Una sala común y corriente desemboca en otra aún más grande y oscura, diseminada por grises columnas de durlock desde donde penden los cuadros como frutos prohibidos de ese gran bosque de piedra. No hay indicaciones de cómo recorrerlo. Sin otro hilo que la intuición, uno debe sustraerse de sí mismo y merodear cual fantasma entre claroscuros, recolectando ese universo neoyorquino que sólo es visible por un ojo entrenado para develar el misterio de todo lo que vemos sin mirar. Transformistas, artistas circenses, locos, hombres y mujeres de distintas edades y estratos sociales, freaks, niños que apuntan con su inocencia a la cámara. Y un charco de agua. Esa mancha que no es otra cosa que un espejo de nuestra propia existencia. Percibo el ruido de la lluvia.

Entre mis pasos secos explota un relámpago: el jardinero corrido, una remera cubierta de escudos que parecen medallas de guerra, la expresión desorbitada en los ojos y la quijada rígida, una mano que parece estrangular la realidad y la otra con una manzana podrida. El chico de la granada. Lo tengo frente a mí, una guerra fría de miradas. Hay fotos que saben captar un momento, una época, y ésta, mejor que ninguna, parece reflejar la sociedad de su tiempo.

En la salida del laberinto, aguardan los minotauros: nueve de los diez retratos que conforman el portfolio de Arbus. Un fotógrafo se desvive por explicarle a su pareja cómo utilizó la lente para sacar tal o cual foto, y deshilvanando su conversación me golpeo con la luz del final. Estoy afuera otra vez, pero al fondo del pasillo el muro sólo habla de principios.


(Extracto de Diarios)

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