Wednesday, December 19, 2018



Esta mañana leí los limones, un poema que integra Huesos de sepia del italiano Eugenio Montale. Al terminarlo, tuve la sensación de que se trataba de los mismos versos que busco desde siempre pero que están fuera de mi alcance no sólo porque ya otro lo dijo, sino también por la distancia que impone la traducción. Sin embargo, ahí estaba en la Liguria, recorriendo con mis ojos la inmensidad de esa ilusión que nos regala la prisión de las letras, embriagándome con el perfume de un recuerdo que no existe. Era, más bien, un viaje en tren de Aosta a Milán, el mismo que me obsequió el verano con sus verdes oliva, sus cielos que interpretaban siete personajes distintos y las ventanas mediterráneas que me acechaban con el misterio de lo infinito. Así funciona la imaginación, trastocando la memoria y reemplazando piezas de un rompecabezas con otro.

Lo importante, de todas formas, fue la sensación de pertenencia que me causó, reafirmar la decisión que tomé hace ya muchos años de dedicar mi vida a construir gemas inasibles, puertos inabarcables, manantiales inagotables en donde cualquiera pueda admirar, reposar y saciar la sed verdadera, que no es otra que la voz de la experiencia.




(Extracto de Diarios)

Saturday, November 17, 2018

CUENTAS PENDIENTES





Dicen que los turistas sólo van a conocer el Canal. Más allá de ser un hito de la ingeniería, que creo apreciar desde mi vasta ignorancia, existen pocas cosas menos entretenidas que contemplar cerca de media hora un barco que es elevado por medio de unas esclusas. Quizás lo sea estando en la embarcación. Fue lo último que hice en ese enero de 2016 por Centroamérica.

Esto me viene a la mente a propósito de un documental sobre Panamá que vi ayer. Yo tampoco visité extensamente el país, circunscribiendo mi estadía a la burbuja de Bocas del Toro y la ciudad capital, sin contar unas horas de espera en el aeropuerto de David y la ruta hacia la tétrica ciudad fronteriza Sixaola. Algunos compatriotas elogiaron San Blas, que nada tiene que ver con la canción de Maná, y de haber tenido unos días más probablemente habría estado en mis planes futuros.

Recuerdo la calidez del pueblo panameño, a pesar de los infaltables oportunistas que siempre buscan rascarte un dólar más del bolsillo. También el extenso puente que dividía la capital en dos distopías con sus inmensas agujas de cristal, el casco histórico y sus pintorescas casas coloniales desfilando en una noche sobria que constantemente amenazaba con un diluvio; y una espléndida vista de la bahía desde un piso sesenta y ocho con un gin tonic en la mano.

¿Y el Canal? Una parada obligatoria, nada más. Hoy, sabiendo que Gauguin trabajó brevemente en su temprana construcción, el misticismo de la colosal obra crece en mi imaginario a la sombra de otra leyenda. Destaca incluso un escritor de buena fama que allí habría contraído la enfermedad que más tarde lo llevaría a morir en su paraíso (perdido). Una mujer de sexo rojo, refiere en su libro. Más bíblico, imposible.

Dicen que los turistas sólo van a visitar el Canal. De las otras cosas, mejor callar.


(Extracto de Diarios)

Tuesday, November 6, 2018

LA HETERONORMA



Un pizarrón
Con eso nos enseñaban
lo blanco                                                                y                                                                lo negro

Después llegaron las formas y sus equivalencias
Y entonces pude comprender que dibujaban la llave al revés
Seguros de la penetrante rectitud de sus líneas rígidas
Sin percatarse de que la intolerancia nunca abre puertas
Porque en el encierro de su realidad muerta
No hay nada más allá de un cuarto oscuro.


(Extracto de Diarios)

Thursday, November 1, 2018

TWO SHEETS LEFT




Asado en una tarde de domingo. La mesa es visitada esporádicamente por saqueadores de picada. Un vaso de vino me acompaña. Bebo sorbos pequeños, intermitentes, como si cada uno marcara el lento movimiento del sol hacia el horizonte. A un costado, restos de diario apilados por si falta material para el fuego. Una vieja foto atrapa mi atención. Creo reconocer a alguien ahí. Agarro el papel y confirmo mi presentimiento. Es Nick Drake, junto a su madre y su hermana. Por encima de la hoja leo Encuentro en Marrakesh. Ni siquiera sabía que había viajado a Marruecos. Ni tampoco que había conocido allí a los Rolling Stones y que les había tocado unos temas. Cinco artículos en dos páginas con algunos testimonios y relatos que intentan poner luz sobre esa enigmática personalidad que nadie supo describir mejor que su madre en el poema The shell.

Eufórico, pregunto de quién es el diario y si puedo quedármelo. Sorprendidos por mi actitud, nadie se opone. No conocen a Nick, jamás escucharon su nombre. Yo, como cualquiera que haya tenido el privilegio de oír su música, tampoco creo conocerlo. O sí, porque no conozco otro artista que se haya convertido tan fielmente en su obra.

Devoro las notas y, satisfecho con mi afortunado descubrimiento, pliego varias veces el diario hasta que alcanza el tamaño de mi bolsillo, para luego atesorarlo. Lo salvé de las llamas, pienso. Si tan sólo las personas pudieran volver como las cenizas al papel.




(Extracto de Diarios)

Wednesday, May 2, 2018

FAROS




You may catch the insect and make it shine upon the palm of your hand,
giving out a strange light, a mysterious message
OUT OF AFRICA, Karen Blixen

Mis primeros recuerdos son los de un gran jardín
en donde por las noches salía a cazar luciérnagas
que en mis manos se volvían estrellas domésticas.
Es curioso pensar como esos pequeños animales
doblegaban mi naturaleza destructiva con su milagro,
salvándose así de los sacrificios a un dios inexistente
que no podía ser otro que el mismo que hoy brilla por su ausencia.


(Fragmento de El tiempo de las uvas)

Saturday, April 14, 2018

CONCEPCIÓN DE NICARAGUA






El sol se está asomando entre las jorobas del camello. Nosotros estamos sentados en el cordón de la vereda con el guía esperando que llegue el chicken bus. No desayunamos ni tampoco cenamos la noche anterior. Lo único que tenemos son unas galletitas tipo Maná, unas Pringles y tres botellas de un litro y medio de agua. Se frena la cafetera y subimos en malón para hacer el trayecto que nos separa del pueblo a la falda del volcán. Diez minutos más tarde estamos pagando la entrada e insertándonos en el sendero rumbo al Concepción. La primera hora es una caminata llana, plagada de lagartijas que se entrenan para destronar en los cien metros a Usain Bolt. Nos detenemos frente a un banco para descansar. Mientras el guía nos señala al árbol nacional de Nicaragua, yo aprovecho para sacarme las piedritas de las zapatillas, tomar un poco de agua y comer algo. Cuando retomamos la marcha aclara que arranca la subida. Entre dos y tres horas.

Ya en el medio de la selva aparecen las escaleras sin fin. Cuarenta minutos más tarde me flaquean las piernas y la duda se instala como un secreto a voces. Cuando estoy a punto de darme la vuelta, aparecen unos monos entre los árboles y aprovechamos para relajar un toque. A los diez minutos, Angie tira la toalla y, pese a todos nuestros intentos de que haga los doscientos metros que nos separan del mirador, emprende la vuelta pidiéndome que llegue hasta arriba.

Un rato más tarde nos sentamos en el pasto a contemplar por encima de algunos nubarrones la isla, un Mondrian que ostenta todas las tonalidades del verde que puedan existir. El viento sopla tan fuerte que parece querer empujarnos hacia el borde de un desfiladero. El guía me pregunta si quiero seguir. Poseído por la idea de conquistar la cima, le contesto preguntándole por el camino a tomar. Sonríe y se adelanta precaviéndome de fijarme que no se desprendan las rocas de las que me agarre. En los primeros cuatrocientos metros comparto trayecto con unos australianos agricultores que catalogaban a Crowded House de ser ol' school. Uno de ellos se queja constantemente del trekking y casi abandona en repetidas ocasiones. Yo intento no mirar para atrás y poco a poco me voy acostumbrando al olor a azufre que domina en las alturas.

Tuesday, April 3, 2018

NAUFRAGIO






Merodeo otra vez por las calles de Hoi An entre un montón de sastrerías desde donde me saludan elegantes hombres sin rostro. Los transeúntes vuelan como abejas de tienda en tienda mientras las bicicletas se suicidan en el horizonte negro. Seducido por el polen fluorescente de las lámparas, mi cuerpo se abre paso por una bajada en busca de un paraíso eléctrico. En una esquina, unos chicos se acercan ofreciéndome sus barcos de papel a cambio de una moneda. Desde ese rincón anegado me pregunto si sabrán distinguir la muerte de los sueños. De una orilla a la otra, un puente de madera. A mitad de camino, me separo de la multitud y contemplo el paisaje desde la baranda. A la deriva, las diminutas naves viajan a la luz de la vela hacia la noche. ¿Qué tierras lejanas, qué playas blancas les esperan? La flama se consume lentamente; como el papel se hunde en el agua y el charco se seca en la oscuridad. Quizás sea tarde ya para abrir los ojos.




(Extracto de Diarios)

Sunday, March 18, 2018

¿POR QUÉ AUGUST MACKE?






Esa es la pregunta que me hago desde que descubrí su gente en el lago azul en el living de la casa de Francisco. Algo en esos bloques de color y transeúntes pixelados de naturaleza fauvista generó una suerte de obsesión a mirar constantemente sus pinturas. Incontables veces entré en librerías en busca de un bálsamo para mi espíritu en sus tierras imaginarias. Mis ojos simplemente se sumergían en sus acuarelas como si fueran piletas en verano.

Así buceé en las profundidades del expresionismo alemán durante meses, ahogándome de vez en cuando en los fiordos de Munch para despertar en las fábulas antropomórficas de Marc, cabalgando al pelo del jinete azul entre recovecos rectangulares de Berlín. Pero Macke ejercía un influjo lunar en mi sensibilidad.

Nunca se trató del tema. Las distracciones de la burguesía no suponen un magnestismo fiel a mis intereses. El zoológico, las vitrinas, los paseos y retratos de su mujer son meras excusas de las que el pintor se sirve para inundar sus lienzos de una sinfonía cromática. Sus influencias son claras: impresionismo tempranamente domesticado por la paleta de Matisse, un fugaz cubismo en las muchachas bañándose con ciudad al fondo que ya había alcanzado la cumbre en su composición rayonista en homenaje a Bach e, indudablemente, la corriente que mejor lo identifica; expresionismo (renano).

Thursday, February 22, 2018

ERLEND, OYE







Lo descubrí un día estudiando en un Tea Connection. La palabra courage se repetía una y otra vez, fue lo único que retuve y que bastó (además de Google) para encontrarlo. A partir de ahí hubo una serie de hallazgos escalonados con sus distintos proyectos musicales. En una disquería de Bruselas compré la frase quiet is the new loud y en Camping me sorprendió con una tapa que llamó mi atención más que sus tonadas reggae. Un músico fetiche, quizás, siempre quise convencerme cada vez que mencionaba su nombre y recibía una mirada de desconcierto. Cada tanto, uno tenía la suerte de charlar un rato con uno de sus desperdigados fanáticos, aunque eran más las veces que uno lo recomendaba y no con buenos resultados en un país anclado en el viejo astillero del rock.

Veinticuatro horas antes del show compramos las entradas tras una indecisión del tercer integrante de nuestro grupo, sorprendidos de que aún quedaran disponibles en todas las localidades. A mitad de camino entre el escenario y el fondo de la tribuna del teatro Ópera, nos acomodamos más adelante de lo que debíamos gracias a la ausencia de público que, poco a poco, fue suplida por la proximidad del primer acorde.