Lo
descubrí un día estudiando en un Tea Connection. La palabra courage
se repetía una y otra vez, fue lo único que retuve y que bastó
(además de Google) para encontrarlo. A partir de ahí hubo una serie
de hallazgos escalonados con sus distintos proyectos musicales. En
una disquería de Bruselas compré la frase quiet
is the new loud
y en Camping me sorprendió con una tapa que llamó mi atención más
que sus tonadas reggae. Un músico fetiche, quizás, siempre quise
convencerme cada vez que mencionaba su nombre y recibía una mirada
de desconcierto. Cada tanto, uno tenía la suerte de charlar un rato
con uno de sus desperdigados fanáticos, aunque eran más las veces
que uno lo recomendaba y no con buenos resultados en un país anclado
en el viejo astillero del rock.
Veinticuatro
horas antes del show compramos las entradas tras una indecisión del
tercer integrante de nuestro grupo, sorprendidos de que aún quedaran
disponibles en todas las localidades. A mitad de camino entre el
escenario y el fondo de la tribuna del teatro Ópera, nos acomodamos
más adelante de lo que debíamos gracias a la ausencia de público
que, poco a poco, fue suplida por la proximidad del primer acorde.
Nueve
y algo, se asoma desde el foro el gigante noruego y saluda
tímidamente para abrir el concierto con una canción ajena que,
asegura, no puede dejar de tocar. Aplausos que devienen otras
melodías acústicas ya de su autoría, intercaladas con comentarios
que irradian un poco de calor con su simpatía frente a tanta
distancia espacial y cultural. Como buen rey de la conveniencia,
regala a la audiencia unos imprescindibles de su repertorio, los que
puede tocar sin compañía, se jacta. Una versión bossa del primer
tema de Rules
y un cover de The Smiths me compran para el resto del concierto que,
por cierto, tomará a todos por sorpresa con baladas huérfanas que
buscan hogar en su odisea constante desde Sicilia, cantera de sus
músicos y huerta de su inspiración. La
prima estate
asalta las butacas y la fiebre de su público enardecido se propaga
como un reguero de pólvora hasta alcanzar su pico al grito de
(freedom is a
possibility only if you're able to say) NO,
casi como negándole su merecido derecho a la caída del telón.
Salimos
del teatro y agarramos un taxi en la 9 de julio para terminar en Las
Cholas. En una de las mesas del primer piso saco el programa y me
pongo a copiar la cara del músico, anotando las dos canciones que
más me impresionaron del set, Can
you keep a secret? Heaven knows I'm miserable now.
En eso, me doy cuenta de que parece asustado, como si hubiera sido
amenazado cual turista en su recorrido por La Boca y, en un fiel
reflejo de la situación que suscitó la discusión de estos tiempos, recreo la escena
apoyándole un cuchillo sobre el cuello para luego tomar la foto. Al
verla me pregunto cuál podría ser el secreto de aquel Guasón
noruego. La respuesta, sin dudas, debe estar en una tercera canción
- o bien en una cuenta secreta en las Islas Caimán.
(Extracto de Diarios)

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