Sunday, April 26, 2020
Tuesday, March 5, 2019
CELTIQUE
Segunda estadía armoricana.
Esta vez, al capricho del invierno y sus cielos de cemento líquido,
listos para derramarse sobre el mar que nunca está seguro cuánto
tomar y cuánto dejar en cada uno de sus besos blancos.
La ausencia de conexión a
internet fomenta el tiempo para la lectura, la caminata y la
reflexión. Hay demasiadas horas para matar y pocas armas letales.
Pienso continuamente en un futuro viviendo en estas costas.
Una mañana subimos los
acantilados de la izquierda. En algún momento del trayecto
alcanzamos una caída de su manto de rocas. Parece el escenario del
merodeador en el mar de bruma de Caspar Friedrich.
Saint-Malo. La muralla de la
ciudad esconde su casco histórico celosamente. Al salir del auto,
una fina capa de agua nos va mojando hasta que alcanzamos un
restaurante para almorzar. Mejillones al roquefort y una lata de
cerveza Chat-Malo.
Más tarde, continuamos la
procesión hacia las almenas. Al horizonte, unido a la playa por un
estrecho camino de piedra, emerge una gran roca donde yacen los
restos de Chateaubriand. La marea está un poco alterada y tenemos
que esperar un rato para cruzar la serpiente rocosa hacia la Grand
Bé. Las aguas se serenan, pero no así la lluvia y el viento que
arrecian cada vez más intensamente en un desolador paisaje céltico.
Por unos momentos no sabemos si estamos en Bretaña o en Irlanda. A
la vera del sendero, la tumba de un reciente desafortunado sirve de
prólogo a la del famoso escritor. Un muro en ruinas completa la
escenografía romántica previo al encuentro con la cruz de granito
sin nombre, a pesar de la placa adosada a una pared de la roca donde
se intenta vanamente desterrarlo de su anonimato. Tantos años atrás,
sólo era la foto de mi libro de tumbas de poetas y pensadores de
Nooteboom. Hoy escucha también mi cuerpo entumecido la voz imponente
del vendaval.
Los
Restos
Uno puede pasarse toda la vida
envidiando la suerte de los
muertos.
Sin nada más que pensar,
sólo tener ojos para los
sueños
y que el cuerpo respire la
brisa
empapada de la sal que deposita
el mar.
Vivir es morir todos los días
un poco,
mas morir parece un vivir por
siempre
pero de una manera agradable,
lejos de las ausencias,
cerca de todo y de nada a la
vez,
como si uno pudiera distinguir
la línea que separa el cielo
de la tierra
y, afortunadamente,
existiera un alma.
(Extracto de Diarios)
Wednesday, December 19, 2018
Esta
mañana leí los limones,
un poema que integra Huesos
de sepia
del italiano Eugenio Montale. Al terminarlo, tuve la sensación de
que se trataba de los mismos versos que busco desde siempre pero que
están fuera de mi alcance no sólo porque ya otro lo dijo, sino
también por la distancia que impone la traducción. Sin embargo, ahí
estaba en la Liguria, recorriendo con mis ojos la inmensidad de esa
ilusión que nos regala la prisión de las letras, embriagándome con
el perfume de un recuerdo que no existe. Era, más bien, un viaje en
tren de Aosta a Milán, el mismo que me obsequió el verano con sus
verdes oliva, sus cielos que interpretaban siete personajes distintos
y las ventanas mediterráneas que me acechaban con el misterio de lo
infinito. Así funciona la imaginación, trastocando la memoria y
reemplazando piezas de un rompecabezas con otro.
Lo
importante, de todas formas, fue la sensación de pertenencia que me
causó, reafirmar la decisión que tomé hace ya muchos años de
dedicar mi vida a construir gemas inasibles, puertos inabarcables,
manantiales inagotables en donde cualquiera pueda admirar, reposar y
saciar la sed verdadera, que no es otra que la voz de la experiencia.
(Extracto de Diarios)
Saturday, November 17, 2018
CUENTAS PENDIENTES
Dicen que los turistas sólo
van a conocer el Canal. Más allá de ser un hito de la ingeniería, que
creo apreciar desde mi vasta ignorancia, existen pocas cosas menos
entretenidas que contemplar cerca de media hora un barco que es
elevado por medio de unas esclusas. Quizás lo sea estando en la
embarcación. Fue lo último que hice en ese enero de 2016 por
Centroamérica.
Esto me viene a la mente a
propósito de un documental sobre Panamá que vi ayer. Yo tampoco
visité extensamente el país, circunscribiendo mi estadía a la
burbuja de Bocas del Toro y la ciudad capital, sin contar unas horas
de espera en el aeropuerto de David y la ruta hacia la tétrica
ciudad fronteriza Sixaola. Algunos compatriotas elogiaron San Blas,
que nada tiene que ver con la canción de Maná, y de haber tenido
unos días más probablemente habría estado en mis planes futuros.
Recuerdo la calidez del pueblo
panameño, a pesar de los infaltables oportunistas que siempre buscan
rascarte un dólar más del bolsillo. También el extenso puente que
dividía la capital en dos distopías con sus inmensas agujas de
cristal, el casco histórico y sus pintorescas casas coloniales
desfilando en una noche sobria que constantemente amenazaba con un
diluvio; y una espléndida vista de la bahía desde un piso sesenta y
ocho con un gin tonic en la mano.
¿Y el Canal? Una parada
obligatoria, nada más. Hoy, sabiendo que Gauguin trabajó brevemente
en su temprana construcción, el misticismo de la colosal obra crece
en mi imaginario a la sombra de otra leyenda. Destaca incluso un
escritor de buena fama que allí habría contraído la enfermedad que
más tarde lo llevaría a morir en su paraíso (perdido). Una mujer
de sexo rojo, refiere en su libro. Más bíblico, imposible.
Dicen que los turistas sólo
van a visitar el Canal. De las otras cosas, mejor callar.
(Extracto de Diarios)
Tuesday, November 6, 2018
LA HETERONORMA
Un
pizarrón
Con
eso nos enseñaban
lo
blanco y lo
negro
Después
llegaron las formas y sus equivalencias
Y
entonces pude comprender que dibujaban la llave al revés
Seguros
de la penetrante rectitud de sus líneas rígidas
Sin
percatarse de que la intolerancia nunca abre puertas
Porque en
el encierro de su realidad muerta
No hay
nada más allá de un cuarto oscuro.
(Extracto de Diarios)
Thursday, November 1, 2018
TWO SHEETS LEFT
Asado
en una tarde de domingo. La mesa es visitada esporádicamente por
saqueadores de picada. Un vaso de vino me acompaña. Bebo sorbos
pequeños, intermitentes, como si cada uno marcara el lento
movimiento del sol hacia el horizonte. A un costado, restos de diario
apilados por si falta material para el fuego. Una vieja foto atrapa
mi atención. Creo reconocer a alguien ahí. Agarro el papel y
confirmo mi presentimiento. Es Nick Drake, junto a su madre y su
hermana. Por encima de la hoja leo Encuentro
en Marrakesh.
Ni siquiera sabía que había viajado a Marruecos. Ni tampoco que
había conocido allí a los Rolling Stones y que les había tocado
unos temas. Cinco artículos en dos páginas con algunos testimonios
y relatos que intentan poner luz sobre esa enigmática personalidad
que nadie supo describir mejor que su madre en el poema The
shell.
Eufórico, pregunto de quién
es el diario y si puedo quedármelo. Sorprendidos por mi actitud,
nadie se opone. No conocen a Nick, jamás escucharon su nombre. Yo,
como cualquiera que haya tenido el privilegio de oír su música,
tampoco creo conocerlo. O sí, porque no conozco otro artista que se
haya convertido tan fielmente en su obra.
Devoro las notas y, satisfecho
con mi afortunado descubrimiento, pliego varias veces el diario hasta
que alcanza el tamaño de mi bolsillo, para luego atesorarlo. Lo
salvé de las llamas, pienso. Si tan sólo las personas pudieran
volver como las cenizas al papel.
(Extracto de Diarios)
Wednesday, May 2, 2018
FAROS
You may catch the insect and
make it shine upon the palm of your hand,
giving out a strange light,
a mysterious message
OUT
OF AFRICA, Karen
Blixen
Mis primeros recuerdos son los
de un gran jardín
en donde por las noches salía
a cazar luciérnagas
que en mis manos se volvían
estrellas domésticas.
Es curioso pensar como esos
pequeños animales
doblegaban mi naturaleza
destructiva con su milagro,
salvándose así de los
sacrificios a un dios inexistente
que no podía ser otro que el
mismo que hoy brilla por su ausencia.
(Fragmento
de El
tiempo de las uvas)
Saturday, April 14, 2018
CONCEPCIÓN DE NICARAGUA
El
sol se está asomando entre las jorobas del camello. Nosotros estamos
sentados en el cordón de la vereda con el guía esperando que llegue
el chicken bus. No desayunamos ni tampoco cenamos la noche anterior.
Lo único que tenemos son unas galletitas tipo Maná, unas Pringles y
tres botellas de un litro y medio de agua. Se frena la cafetera y
subimos en malón para hacer el trayecto que nos separa del pueblo a
la falda del volcán. Diez minutos más tarde estamos pagando la
entrada e insertándonos en el sendero rumbo al Concepción. La
primera hora es una caminata llana, plagada de lagartijas que se
entrenan para destronar en los cien metros a Usain Bolt. Nos
detenemos frente a un banco para descansar. Mientras el guía nos
señala al árbol nacional de Nicaragua, yo aprovecho para sacarme
las piedritas de las zapatillas, tomar un poco de agua y comer algo.
Cuando retomamos la marcha aclara que arranca la subida. Entre dos y
tres horas.
Ya
en el medio de la selva aparecen las escaleras sin fin. Cuarenta
minutos más tarde me flaquean las piernas y la duda se instala como
un secreto a voces. Cuando estoy a punto de darme la vuelta, aparecen
unos monos entre los árboles y aprovechamos para relajar un toque. A
los diez minutos, Angie tira la toalla y, pese a todos nuestros
intentos de que haga los doscientos metros que nos separan del
mirador, emprende la vuelta pidiéndome que llegue hasta arriba.
Un
rato más tarde nos sentamos en el pasto a contemplar por encima de
algunos nubarrones la isla, un Mondrian que ostenta todas las
tonalidades del verde que puedan existir. El viento sopla tan fuerte
que parece querer empujarnos hacia el borde de un desfiladero. El
guía me pregunta si quiero seguir. Poseído por la idea de
conquistar la cima, le contesto preguntándole por el camino a tomar.
Sonríe y se adelanta precaviéndome de fijarme que no se desprendan
las rocas de las que me agarre. En los primeros cuatrocientos metros
comparto trayecto con unos australianos agricultores que catalogaban
a Crowded House de ser ol'
school. Uno de ellos
se queja constantemente del trekking y casi abandona en repetidas
ocasiones. Yo intento no mirar para atrás y poco a poco me voy
acostumbrando al olor a azufre que domina en las alturas.
Tuesday, April 3, 2018
NAUFRAGIO
Merodeo otra vez por las calles de Hoi An entre un montón de sastrerías
desde donde me saludan elegantes hombres sin rostro. Los
transeúntes vuelan como abejas de tienda en tienda mientras las
bicicletas se suicidan en el horizonte negro. Seducido por el polen
fluorescente de las lámparas, mi cuerpo se abre paso por una bajada
en busca de un paraíso eléctrico. En una esquina, unos chicos se
acercan ofreciéndome sus barcos de papel a cambio de una moneda.
Desde ese rincón anegado me pregunto si sabrán distinguir la muerte
de los sueños. De una orilla a la otra, un puente de madera. A mitad
de camino, me separo de la multitud y contemplo el paisaje desde la
baranda. A la deriva, las diminutas naves viajan a la luz de la vela
hacia la noche. ¿Qué tierras lejanas, qué playas blancas les
esperan? La flama se consume lentamente; como el papel se hunde en el
agua y el charco se seca en la oscuridad. Quizás sea tarde ya para
abrir los ojos.
(Extracto de Diarios)
Sunday, March 18, 2018
¿POR QUÉ AUGUST MACKE?
Esa
es la pregunta que me hago desde que descubrí su gente
en el lago azul
en el living de la casa de Francisco. Algo en esos bloques de color y
transeúntes pixelados de naturaleza fauvista generó una suerte de
obsesión a mirar constantemente sus pinturas. Incontables veces
entré en librerías en busca de un bálsamo para mi espíritu en sus
tierras imaginarias. Mis ojos simplemente se sumergían en sus
acuarelas como si fueran piletas en verano.
Así buceé en las
profundidades del expresionismo alemán durante meses, ahogándome de
vez en cuando en los fiordos de Munch para despertar en las fábulas
antropomórficas de Marc, cabalgando al pelo del jinete azul entre
recovecos rectangulares de Berlín. Pero Macke ejercía un influjo
lunar en mi sensibilidad.
Nunca
se trató del tema. Las distracciones de la burguesía no suponen un
magnestismo fiel a mis intereses. El zoológico, las vitrinas, los
paseos y retratos de su mujer son meras excusas de las que el pintor
se sirve para inundar sus lienzos de una sinfonía cromática. Sus
influencias son claras: impresionismo tempranamente domesticado por
la paleta de Matisse, un fugaz cubismo en las muchachas
bañándose con ciudad al fondo que
ya había alcanzado la cumbre en su composición rayonista en
homenaje a Bach e, indudablemente, la corriente que mejor lo
identifica; expresionismo (renano).
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