I dim all the lights and I sink in my chair
The smoke from my cigarette climbs through the air
En caso de que alguno se interese por la obra de
Salinger, no hace falta buscar mucho para encontrarse con sus cuatro libros
publicados hasta el día de la fecha. Tampoco requieren de mucho tiempo para ser
leídos, actividad que me demoró poco menos de un mes. El problema aparece
cuando a uno se le acaba ese material y quiere seguir un poco más, y lo único
que tiene es una cláusula de cincuenta o cien años después de la muerte del
escritor como respuesta.
Se
filtraron tres cuentos, nada más. Se habla de una pre-cuela de The catcher in the rye, pero mucho no me
importa. Bajo leyendo los títulos de otras historias sin publicar, y me topo
con una que sabe llamar mi atención, The
magic foxhole. Abro el link, y otra vez lo de esperar hasta el 2060. La
verdad, no sé si voy a estar vivo para ese entonces, así que, a falta de paciencia
y años colmados de expectativa, salgo a dar una vuelta y empiezo a imaginar mi
versión del relato.
Como
es sabido, Salinger participó del desembarco en Normandía, también conocido
como el D day. La historia comenzaría
con Jerry en uno de los barcos, a unos pocos metros de alcanzar la costa. En
uno de los bolsillos de su uniforme guarda la última carta que le escribió su
novia, la hija del nobel de literatura Eugene O’ Neill. Sus manos pondrían al
amuleto frente a sus ojos unos segundos, pero no sabrían traducirnos el
contenido de puño y letra. La escena siguiente se enfocaría en alcanzar la
playa y escalar el acantilado interminable, una especie de odisea que tendría
como final del viaje subir y subir hasta tocar el cielo. Una vez arriba, una
bomba eclosionaría a unos pocos metros y cavaría un cráter en la tierra en el
que, debido al impacto de la explosión, se derribaría el soldado. Al
levantarse, el escenario plagado de muerte, ruinas y destrucción serviría de
fiel retrato del infierno. Todavía conmocionado por el golpe de la caída, saldría
del agujero a buscar sobrevivientes, alguien que pueda asegurarle que no se ha
convertido en un fantasma errante. En eso, aparecería Oona (su novia) en el
campo de batalla, y le pediría que le tome la mano y que se dirija lo más
rápido posible, sin mirar nunca hacia atrás, al agujero en la tierra. Mientras
corren hacia el objetivo en cuestión, Salinger le hablaría de su futuro, de
cómo serían felices una vez terminada la guerra, y de cómo él se volvería algún
día uno de los escritores más famosos de su época. Ella lo prevendría de los
efectos de la fama, del impacto de las luces, pero así y todo, sus advertencias
no serían suficientes para mantener viva la ilusión. A unos pocos pasos del
hoyo, un reflector gigante encandilaría a Salinger, y al darse la vuelta para
refugiarse de la ceguera, contemplaría en un glimpse a su querida Eurídice sosteniendo la mano de otro hombre,
un hombre que hasta al mismo Jerry le sería imposible desconocer: Charles
Chaplin.





