Wednesday, April 29, 2015

DEL MODERNO ORFEO A LA ANTIGUA GORGONA






I dim all the lights and I sink in my chair
The smoke from my cigarette climbs through the air


            En caso de que alguno se interese por la obra de Salinger, no hace falta buscar mucho para encontrarse con sus cuatro libros publicados hasta el día de la fecha. Tampoco requieren de mucho tiempo para ser leídos, actividad que me demoró poco menos de un mes. El problema aparece cuando a uno se le acaba ese material y quiere seguir un poco más, y lo único que tiene es una cláusula de cincuenta o cien años después de la muerte del escritor como respuesta.

            Se filtraron tres cuentos, nada más. Se habla de una pre-cuela de The catcher in the rye, pero mucho no me importa. Bajo leyendo los títulos de otras historias sin publicar, y me topo con una que sabe llamar mi atención, The magic foxhole. Abro el link, y otra vez lo de esperar hasta el 2060. La verdad, no sé si voy a estar vivo para ese entonces, así que, a falta de paciencia y años colmados de expectativa, salgo a dar una vuelta y empiezo a imaginar mi versión del relato.

            Como es sabido, Salinger participó del desembarco en Normandía, también conocido como el D day. La historia comenzaría con Jerry en uno de los barcos, a unos pocos metros de alcanzar la costa. En uno de los bolsillos de su uniforme guarda la última carta que le escribió su novia, la hija del nobel de literatura Eugene O’ Neill. Sus manos pondrían al amuleto frente a sus ojos unos segundos, pero no sabrían traducirnos el contenido de puño y letra. La escena siguiente se enfocaría en alcanzar la playa y escalar el acantilado interminable, una especie de odisea que tendría como final del viaje subir y subir hasta tocar el cielo. Una vez arriba, una bomba eclosionaría a unos pocos metros y cavaría un cráter en la tierra en el que, debido al impacto de la explosión, se derribaría el soldado. Al levantarse, el escenario plagado de muerte, ruinas y destrucción serviría de fiel retrato del infierno. Todavía conmocionado por el golpe de la caída, saldría del agujero a buscar sobrevivientes, alguien que pueda asegurarle que no se ha convertido en un fantasma errante. En eso, aparecería Oona (su novia) en el campo de batalla, y le pediría que le tome la mano y que se dirija lo más rápido posible, sin mirar nunca hacia atrás, al agujero en la tierra. Mientras corren hacia el objetivo en cuestión, Salinger le hablaría de su futuro, de cómo serían felices una vez terminada la guerra, y de cómo él se volvería algún día uno de los escritores más famosos de su época. Ella lo prevendría de los efectos de la fama, del impacto de las luces, pero así y todo, sus advertencias no serían suficientes para mantener viva la ilusión. A unos pocos pasos del hoyo, un reflector gigante encandilaría a Salinger, y al darse la vuelta para refugiarse de la ceguera, contemplaría en un glimpse a su querida Eurídice sosteniendo la mano de otro hombre, un hombre que hasta al mismo Jerry le sería imposible desconocer: Charles Chaplin.

Friday, April 24, 2015

A VECES, NO SOY YO



Foto de Julián "Pablo" Yamada.




La vida es un poco así:
Levantarse todas las mañanas deseando estar muerto.
Muerto porque nunca enganchás un ciclo de sueño
Y porque los sueños se acaban, indefectiblemente,
Antes de su mejor momento.

Del otro lado del espejo te espera
La misma cara,
La misma mirada,
La misma puteada,
Pero qué pajero...
Cuatro horas por día, una leve borrachera.

Te arrastrás hasta la cocina,
Prendés el café y te tomás la tele.
Mirás la temperatura y descartás
Uno, dos, tres sueños que tuviste.
Te queda uno:
Estabas en un McDonald's, comiendo.
Aparece un fiscal (que no es Nisman)
Y te pide cuarenta lucas.
Vos, que vivís en el infierno inflacionario
Del resumen porteño de Spinetta,
Flasheás que son cuatrocientos pesos en la vida real
Y le firmás un cheque pensando que,
Algún día, va a saber devolverte el favor.
Inexplicablemente, vas a la caja a pagar
(Por lo que ya comiste)
Y cuando pasa la tarjeta te dice que no tenés fondos.
Entrás en razón de que alguien te cagó
Y, por sobre todo, de que sos un pelotudo que firma cheques de cuarenta lucas,
Y sos víctima de la peor paranoia
Y llamás a tu hermano, que es abogado,
Y mientras le relatás los hechos
- De forma precisa y minuciosa, como sabés que hay que hacerlo
Porque si no te desestiman la denuncia o pretensión de una -
Comprendés, poco a poco, que todo es un delirio
Y te levantás todo agitado, tirando las sábanas al piso
Al grito de ¡Ese hijo de puta, lo voy a ahogar en el Sena!

Te reís solo un buen rato,
Hasta que te acordás de que tenés que estudiar,
Y que tu jefa te dijo que si te pediste dos días
Lo mínimo que espera es que te vaya increíblemente bien.
Se te borra la sonrisa estúpida que tenías tatuada en la cara.
No importa, hasta las cinco de la tarde faltan siete horas
Y eso es más que suficiente para leer, releer y, quizás,
Si el aburrimiento no te gana, pegarle una ojeada más.
Pero primero la computadora, ponerse al día con todo eso
Que pasó en esas indispensables cuatro horas en las que,
No hay duda, alguien pudo haber inventado otro Facebook
Y vos, por seguir el consejo de Borges de leer a los clásicos
En lugar de los diarios, te convertiste en un boludo que vive en un tupper.

OTRO AÑO SIN VERANO







I had a dream, which was not all a dream
LORD BYRON, Darkness


            Prendo la tele y leo el graph, Erupción del volcán Calbuco. Siempre Chile, siempre la Patagonia a punto de extinguirse. Dicen que el día no llegó a Villa La Angostura, y en mi cabeza no dejan de circular los recuerdos del 2011, cuando San Langosta (como lo llama Lautaro) se cubrió de una lluvia de cenizas. La precipitación de hormigas blancas (la metáfora no es mía) devoró todo el paisaje, y nadie podía decir a ciencia cierta cuándo las cosas iban a poder volver a su estado original. La verdad es que nunca fui a Villa La Angostura, pero lo cierto es que en el viaje que hice al Sur en enero de 2014 descubrí rincones paradisíacos de los que jamás voy a poder olvidarme. Ocho mil kilómetros en dieciocho días arriba de dos autos, senderos de experiencias alucinógenas, historias de vida al desnudo, Fragments of time bordeando cordilleras con el peso de atardeceres inefables a sus espaldas, y los pactos de amistad renovándose en cada destino, con sus puteadas y reproches, pero reforzándose a medida que la distancia avanzaba, y nosotros, siete pibes recorriendo la inmensidad, acercándonos más y más sin sospecharlo.

            La imagen es desoladora. Otra vez no llega el día, y una sensación de vacío me obliga a apagar la televisión, esa caja de luces que lo único que hace es descomprimir los colores del arcoíris para explicarnos que no hay nada mágico en el mundo, que todos son fenómenos racionales. Camino hasta el balcón y me siento a contemplar el cielo. Mi mente divaga. El pasado me invade, como siempre.

            Doscientos años atrás, un volcán de Indonesia entraba en erupción. El Tambora tenía una resaca milenaria, y no había tenido mejor idea que vomitar un apocalipsis de cenizas con abstinencia de peregrinaje. No está de más decir que el viento se divirtió esparciendo el desastre alrededor del mundo, y para el verano de 1816 los europeos se vieron privados de las visitas diarias del sol. La pandemia volcánica, diagnosticada por muchos creyentes e incluso agnósticos como un presagio del fin de los tiempos, obligó a que la humanidad se resguardara en sus casas en lo que se extendió la estación invisible.

Thursday, April 16, 2015

SUEÑOS SÓLIDOS





La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando
PABLO PICASSO


            A veces, de tanto pensar, me cuesta escribir. Es algo sumamente complicado de explicar, porque a pesar de todo, sigo haciéndolo. No lo hago a diario, pero sí cuando siento que necesito sentarme a tratar de darle algo de sentido al desorden que tengo en mi cabeza. Las ideas se me van juntando, apilando unas sobre otras, y yo, con mi pésimo talento para armar rompecabezas, junto los bordes como puedo y voy viendo, poco a poco, el contorno de esa especie de ansiedad frenética que no me deja en paz hasta que, casi milagrosamente, logro materializarla.

            Es así. Se te fija que tenés que ponerlo en papel y empieza el problema: ¿voy a poder decir lo que siento realmente, o me voy a resignar a que, como la escritura es un lenguaje distinto al pensamiento, en la traducción se va a perder la esencia de mis sensaciones? Y las frases, ¿cuál va a ser el equilibro? ¿Voy a tener la palabra justa y necesaria, o voy a conformarme con creer que lo que sale al final es mejor de lo que imaginaba, y entonces puedo quedarme tranquilo con eso? La respuesta, se me ocurre, es que todo eso muere en el proceso. Lo que importa, como con la materia misma, es que las cosas se transformen y se adapten a aquello que, quiero sospechar, les asigna el destino.

            Hoy, mientras volvía a casa, casi como por generación espontánea me surgió algo:

            Estoy hecho de un montón de sueños sólidos, siempre a punto de evaporarse.

Saturday, April 11, 2015

MUSICTRY, A BLEND OF VELVET LIMERICKS & SUPERSONIC ALLEYS




You know I read it in a magazine


            Sentada en la mesa de un coffee-shop de Ámsterdam, Hannah Van Haldoom rayaba el atardecer en su hoja en blanco sin sospechar el camino que iba trazando con su lápiz. Las palabras, como un mantra hecho de los pequeños sorbos de café que ingería de a ratos, no generaban ni la menor sospecha de la presencia del futuro ahí mismo, intruso que se había acomodado silenciosamente en la silla vacía. Estiró la mano para agarrar el cigarrillo a medio terminar, dio una larga bocanada, y sin darse tiempo a meditar lo que hacía, escribió en el margen superior de la hoja Cinnamon hours, y aplastó el cilindro anaranjado contra el cenicero. Como toda habitué, sacó de su cartera unos billetes, los dejó al amparo de la taza de porcelana, se colgó la cartera al hombro y, al pararse, la mirada se le perdió en un rostro de entre la multitud. That face, it was fate, recordaría años más tarde en una entrevista para una revista que se autocalificaba como avant-garde. Ella misma encontraría difícil recordar qué impresión la llevó a abandonar esa tarde su cuaderno en la mesita del café, pequeña desgracia que, nadie podría haberlo previsto entonces, entrelazaría la historia de dos personas que pertenecían a dos mundos completamente distintos, aunque equidistantes. 
  
            Al día siguiente, Hannah volvió con la vaga esperanza de recuperar su anotador, pero lo único que encontró fue un nombre y una dirección. A unas seis cuadras de distancia, un tal George Kent, de veinte años, le abría la puerta de su casa y la invitaba a pasar a buscar la libreta perdida, prometiéndole una taza de té like we do at home. Ella, todavía absorta por la idea de recuperar su intimidad, se permitió aceptar la invitación del extraño. El mantel hecho a cuadros la hacía sentirse parte de la decoración de la casa, convencida de que el juego que hacía con su camisa escocesa no podía tratarse de otra cosa que una mera coincidencia. It was funny, somehow. Sittin’ there, all squares, with this guy I barely knew. Él le dijo que era músico. Cuando le preguntó qué instrumentos tocaba y él mencionó al piano y la guitarra, ella sonrió.

            George lo percibió de entrada, sabía muy bien lo que se venía. Sólo tenía que lograr impactarla y convencerla de seguir su nueva loca idea.

            Le dijo que lo disculpara, antes que nada, pero que había leído algunas cosas de su libreta. Ni bien lo hizo, ella se intentó incorporar para desarmarse en todo tipo de protestas, pero un real good poetry, I have to say bastó para serenar sus impulsos. Contestó que no le parecía correcto, pero que de todas formas le agradecía el cumplido.

Thursday, April 2, 2015

EL MANUSCRITO PERDIDO DE KEATS






Fue derrotado por animales con pies de plata,
animales que eran a la vez hombres: centauros (...)
no fue derrotado por un poder, sino por una interpretación.
CEES NOOTEBOOM, El desvío a Santiago


            Hace relativamente poco tiempo me volví cómplice de un mito que, incluso dentro del mundo literario, es algo prácticamente desconocido. Según me fue revelado, existiría un poema inédito del romántico John Keats, escrito durante su período de mayor plenitud, el de las llamadas odas. El manuscrito, aseguran, fue sustraído por Joseph Severn tras la muerte del poeta, para luego extraviarse en el viaje de vuelta a su país natal.

            El propio Severn habría comentado en más de una ocasión a propósito de la obra perdida de su entrañable amigo, tres estrofas de once versos cada una que, bajo el título de Ode to a centaur, sabía entretejer su historia personal con el mito de las criaturas mitad hombre, mitad caballo. El poema, un canto elegíaco a su difunto padre, iniciaba con la despedida de un hombre a sus hijos tras una visita a su escuela, y se extendía en la partida a caballo hacia el crepúsculo, tan sólo para detenerse frente a un instante de introspección del jinete. La segunda estrofa, acaso la que acabó persuadiendo a Keats de mantenerlo ajeno al público, detallaba la expedición de un grupo de conquistadores en busca de Eldorado, que representaba para él su ideal de esplendor, según las notas en los márgenes de la hoja. En la última estrofa, una recreación de la batalla de Cajamarca, el yo lírico se posicionaba en los ojos de los vencidos, atestiguando la transformación de un grupo de hombres en centauros armados de los cañones que alguna vez había fabricado Satán en el paraíso perdido. Los cuatro versos finales, ya una tormenta de sangre, fuego y del fulgor del Sol hecho prisionero de la noche, hallarían la respuesta a la inexplicable muerte de su padre, ahora un centauro que es alcanzado por una flecha destinada a morder su talón invisible.