Sunday, October 5, 2014

RUMOURS REVISITED





You will never break the chain


            Corría el año 1976 cuando los cinco integrantes de la nueva formación de Fleetwood Mac se embarcaron en lo que sería su segundo episodio musical, el disco que los terminaría de  consagrar en la escena de la música popular de su tiempo y los llevaría a ser la banda con el disco más vendido en la historia durante casi media década, posición que ocuparía más tarde el Thriller de Michael Jackson para luego quedarse. Ninguno de ellos sospechaba en lo más mínimo el suceso que supondría el proyecto que tenían entre manos. Lo único cierto era que, tras haber lanzado su epónimo white album (llamado así por el color de su tapa), el cambio de suerte había mellado en las relaciones del grupo que, por aquel entonces, estaba compuesta por dos parejas: por un lado, el guitarrista Lindsey Buckingham y la cantante Steve Nicks; por el otro, los McVie, John (bajista) y Christine (tecladista y cantante). El miembro restante, Mick Fleetwood, les seguía el ritmo atravesando un divorcio.

            El proceso de grabación demoró cerca de un año. Las sesiones iniciales ocurrieron en febrero del ‘76 y los llevó a rotar por varios estudios, aunque la mayor parte del disco se realizó en el Record Plant de Sausalito, California. En ese ambiente se conjugaron todos los elementos y matices que hicieron de Rumours algo más que lo que muchos críticos se empecinaron en catalogar como un soap opera: la decisión de poner el trabajo y la banda por encima de sus relaciones personales, las largas sesiones de grabación en busca del sonido perfecto, la presencia de nuevas parejas; las emociones contenidas a flor de piel, liberadas por medio de las letras en desgarradoras protestas y reclamos a los que nadie iba a dar lugar, y como nunca puede faltar en ninguna banda de rock, drogas en exceso.

            Al estar integrada por tres compositores, el repertorio de canciones y sensaciones puestas en el disco es bastante amplio y varía en forma y estilo. Líricamente, Buckingham parece ser el de los reproches, abriendo con la cuasi rock-céltico Second hand news en su intento por comprender lo que está pasando en su vida, que el amor se acabó y que “ha pasado de moda”. A esto le sigue la rabia y no se preocupa ni un poco al decirle a Nicks que lo único que a ella le interesa es ir a acostarse con cualquiera en Go your own way, mientras que la reflexión y el aprendizaje quedan para la magistral Never going back again. Stevie (Nicks), por su parte, parece tomar una posición más conciliadora y le pregunta sinceramente a Lindsey qué sueños tiene para venderle en Dreams, y le asegura que ella no es la primera ni la última, que con el tiempo (when the rain washes you clean) lo sabrá. I don’t wanna know data de la etapa previa a que la pareja se uniera a la banda, pero sabe adaptarse a la situación actual y es la primera canción que graban. La última canción del disco es otra composición de Nicks, Gold dust woman, una confesión acerca de su adicción a la cocaína. En lo que se refiere a Christine, el mensaje se centra en mirar el mañana, apostarle al futuro y disfrutar así del presente. De eso canta en la intrépida Don’t stop, y hasta se atreve a hablar de su nueva situación amorosa con alguien que se rodea con el grupo en You make loving fun. Otra de sus canciones, Oh, daddy, especie de homenaje al “padre” de la banda, Mick Fleetwood, deja afuera uno de sus B-sides (que tendría que haber sido A-side) más famosos, la imperdonable Silver springs. El casillero de la balada es ocupado por el canto elegíaco de Songbird, grabada en un teatro vacío con un piano cubierto de rosas.


            El carácter musical de Rumours no se queda atrás de las historias personales. Sabe perfectamente cómo acompañarlas y hacerlas llegar a puerto, no sólo entre los integrantes de la propia banda, sino al público mayor mediante melodías simples y pegadizas, pero que no por eso dejan de estar trabajadas de forma minuciosa, artesanal. El obsesivo Buckingham puso lo mejor de sí en su nuevo rol de productor para brindarle todos los colores y tonalidades que conocía y podía descubrir por entonces. Ya sea desde las distintas texturas de cuerdas o los complejos taylor pickings, pasando por los licks y arpegios ejecutados como pizzicatos evanescentes de Dreams, hasta los fragmentos de los solos que casi se pierden a causa de problemas en las cintas originales,  las guitarras dan prueba de sus grandes dotes musicales. A esto debe sumarse la precisión alcanzada por el choque de tres voces en los coros, fantasmagóricos por momentos, meramente poperos por otros, pero siempre en unísono para fortalecer el cuerpo de la canción cabalgada sobre los beats bailables de Fleetwood al compás de las justas bases de McVie. Hay lugar también para detalles mínimos, como la inclusión de golpes sobre una silla de madera en Second hand news o el cambio de cuerdas constante para grabar Never going back again, por citar algunos ejemplos.

            La primera vez que escuché el disco pensé lo mismo que muchos otros, seguramente: que se trataba de otro disco pop, que no tenía mucho más para ofrecerme que un puñado de canciones hechas para pasar el rato. Me tomó unas cuantas oídas más y pasar por una situación de quiebre para poder volver a escucharlo y redescubrir el contenido encerrado en esas once canciones. Es cierto que no hace falta entender el contexto de las cosas para poder apreciar una obra, pero en este caso me resultó imposible desligar a uno del otro, porque lo que cuentan son historias de vida, experiencias casi directas, como si nosotros estuviésemos sentados ahí, viendo lo que sucede en esa especie de comedia musical. No es necesario, pero sí ayuda a comprender de otra manera las cosas. Sin embargo, me parece que si se lo ha de catalogar como un soap opera, al menos debería ser tomado no como la expresión común y corriente lo indica, sino como si se tratara de una traducción más literal. Soap, por su contenido pop (como las burbujas: suave y mágico, transparente y circular, que se desarma en cuestión de segundos y nos deja impactados), y Opera, obviamente por la denotación musical.

            Muchas habían sido las opciones, pero Rumours fue el título con el que finalmente salió a las disquerías en febrero de 1977. A veintisiete años desde su lanzamiento y el arrollador éxito comercial que produjo, quedaría por preguntarse lo que tantos se cuestionaron a lo largo de los años: si se trató de un mero hito comercial o si la música fue y es, aún hoy en día, algo rescatable. Sin lugar a dudas, cada uno puede tener su opinión al respecto, pero no quiero dejar de mencionar el hecho de que Daft Punk se haya inspirado (aparte de The dark side of the moon) en Rumours principalmente para concebir al que yo considero su mejor trabajo hasta ahora, Random Access Memories.

            ¿Hay algo más para agregar? Creo que nada, excepto que luego de diecisiete años los cinco miembros de la banda se volvieron a juntar este 2014 para realizar una serie de conciertos. Ninguno de ellos parece, después de todo, haber podido soltar la cadena.


(Extracto de Diarios) 

             

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