You will never break the chain
Corría el año 1976 cuando los cinco integrantes de la
nueva formación de Fleetwood Mac se embarcaron en lo que sería su segundo
episodio musical, el disco que los terminaría de consagrar en la escena de la música popular de
su tiempo y los llevaría a ser la banda con el disco más vendido en la historia
durante casi media década, posición que ocuparía más tarde el Thriller de Michael Jackson para luego
quedarse. Ninguno de ellos sospechaba en lo más mínimo el suceso que supondría el
proyecto que tenían entre manos. Lo único cierto era que, tras haber lanzado su
epónimo white album (llamado así por
el color de su tapa), el cambio de suerte había mellado en las relaciones del grupo que, por aquel entonces, estaba compuesta por dos parejas: por un lado,
el guitarrista Lindsey Buckingham y la cantante Steve Nicks; por el otro, los
McVie, John (bajista) y Christine (tecladista y cantante). El miembro restante,
Mick Fleetwood, les seguía el ritmo atravesando un divorcio.
El
proceso de grabación demoró cerca de un año. Las sesiones iniciales ocurrieron
en febrero del ‘76 y los llevó a rotar por varios estudios, aunque la mayor
parte del disco se realizó en el Record Plant de Sausalito, California. En ese
ambiente se conjugaron todos los elementos y matices que hicieron de Rumours algo más que lo que muchos
críticos se empecinaron en catalogar como un soap opera: la decisión de poner el trabajo y la banda por encima
de sus relaciones personales, las largas sesiones de grabación en busca del
sonido perfecto, la presencia de nuevas parejas; las emociones contenidas a
flor de piel, liberadas por medio de las letras en desgarradoras protestas y
reclamos a los que nadie iba a dar lugar, y como nunca puede faltar en ninguna
banda de rock, drogas en exceso.
Al
estar integrada por tres compositores, el repertorio de canciones y
sensaciones puestas en el disco es bastante amplio y varía en forma y estilo.
Líricamente, Buckingham parece ser el de los reproches, abriendo con la cuasi rock-céltico
Second hand news en su intento por
comprender lo que está pasando en su vida, que el amor se acabó y que “ha
pasado de moda”. A esto le sigue la rabia y no se preocupa ni un poco al
decirle a Nicks que lo único que a ella le interesa es ir a acostarse con cualquiera
en Go your own way, mientras que la
reflexión y el aprendizaje quedan para la magistral Never going back again. Stevie (Nicks), por su parte, parece tomar
una posición más conciliadora y le pregunta sinceramente a Lindsey qué sueños
tiene para venderle en Dreams, y le
asegura que ella no es la primera ni la última, que con el tiempo (when the rain washes you clean) lo sabrá. I don’t wanna know data de la etapa previa a que la pareja se
uniera a la banda, pero sabe adaptarse a la situación actual y es la primera
canción que graban. La última canción del disco es otra composición de Nicks, Gold dust woman, una confesión acerca de
su adicción a la cocaína. En lo que se refiere a Christine, el mensaje se
centra en mirar el mañana, apostarle al futuro y disfrutar así del presente. De
eso canta en la intrépida Don’t stop,
y hasta se atreve a hablar de su nueva situación amorosa con alguien que se
rodea con el grupo en You make loving fun.
Otra de sus canciones, Oh, daddy,
especie de homenaje al “padre” de la banda, Mick Fleetwood, deja afuera uno de sus
B-sides (que tendría que haber sido A-side) más famosos, la imperdonable Silver springs. El casillero de la
balada es ocupado por el canto elegíaco de Songbird,
grabada en un teatro vacío con un piano cubierto de rosas.
El
carácter musical de Rumours no se
queda atrás de las historias personales. Sabe perfectamente cómo acompañarlas y
hacerlas llegar a puerto, no sólo entre los integrantes de la propia banda, sino
al público mayor mediante melodías simples y pegadizas, pero que no por eso
dejan de estar trabajadas de forma minuciosa, artesanal. El obsesivo Buckingham
puso lo mejor de sí en su nuevo rol de productor para brindarle todos los
colores y tonalidades que conocía y podía descubrir por entonces. Ya sea desde
las distintas texturas de cuerdas o los complejos taylor pickings, pasando por
los licks y arpegios ejecutados como pizzicatos evanescentes de Dreams, hasta los fragmentos de los
solos que casi se pierden a causa de problemas en las cintas originales, las guitarras dan prueba de sus grandes dotes
musicales. A esto debe sumarse la precisión alcanzada por el choque de tres
voces en los coros, fantasmagóricos por momentos, meramente poperos por otros, pero siempre en
unísono para fortalecer el cuerpo de la canción cabalgada sobre los beats bailables de Fleetwood al compás
de las justas bases de McVie. Hay lugar también para detalles mínimos,
como la inclusión de golpes sobre una silla de madera en Second hand news o el cambio de cuerdas constante para grabar Never going back again, por citar
algunos ejemplos.
La
primera vez que escuché el disco pensé lo mismo que muchos otros, seguramente:
que se trataba de otro disco pop, que no tenía mucho más para ofrecerme que
un puñado de canciones hechas para pasar el rato. Me tomó unas cuantas oídas
más y pasar por una situación de quiebre para poder volver a escucharlo y
redescubrir el contenido encerrado en esas once canciones. Es cierto que no
hace falta entender el contexto de las cosas para poder apreciar una obra, pero
en este caso me resultó imposible desligar a uno del otro, porque lo que
cuentan son historias de vida, experiencias casi directas, como si nosotros
estuviésemos sentados ahí, viendo lo que sucede en esa especie de comedia musical.
No es necesario, pero sí ayuda a comprender de otra manera las cosas. Sin
embargo, me parece que si se lo ha de catalogar como un soap opera, al menos debería ser tomado no como la expresión común y corriente lo
indica, sino como si se tratara de una traducción más literal. Soap, por su contenido pop (como las
burbujas: suave y mágico, transparente y circular, que se desarma en cuestión
de segundos y nos deja impactados), y Opera,
obviamente por la denotación musical.
Muchas
habían sido las opciones, pero Rumours
fue el título con el que finalmente salió a las disquerías en febrero de 1977. A
veintisiete años desde su lanzamiento y el arrollador éxito comercial que
produjo, quedaría por preguntarse lo que tantos se cuestionaron a lo largo de
los años: si se trató de un mero hito comercial o si la música fue y es, aún
hoy en día, algo rescatable. Sin lugar a dudas, cada uno puede tener su opinión
al respecto, pero no quiero dejar de mencionar el hecho de que Daft Punk se
haya inspirado (aparte de The dark side
of the moon) en Rumours
principalmente para concebir al que yo considero su mejor trabajo hasta ahora, Random Access Memories.
¿Hay
algo más para agregar? Creo que nada, excepto que luego de diecisiete años los
cinco miembros de la banda se volvieron a juntar este 2014 para realizar una
serie de conciertos. Ninguno de ellos parece, después de todo, haber podido soltar
la cadena.
(Extracto de Diarios)

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