Tuesday, February 21, 2017

FOTOGÉNESIS





Allen in mijn gedichten kan ik wonen
Nooit vond ik ergens anders onderdak[1]


          El lenguaje de la fotografía exige una traducción, o mejor dicho, es susceptible de interpretaciones. Así, en ese breve instante que consiste enfrentar ese resto de naufragio crónico, existen diversas maneras de contemplarlas.

         Desde el completo desconocimiento, estoy observando a un joven europeo vestido con un kimono, que sostiene algo que puede ser bien una caja o un libro con caracteres orientales. La lámpara a su lado no permite alumbrar nada más, excepto quizás una aproximación de su edad, la cual parece oscilar entre los veinte y los treinta años.

            Diferente es la mirada de alguien que sabe de quién se trata, prestándose así a un mayor número de interrogantes. Es que, la primera vez que tuve noticia de esta imagen, fue de la misma manera en que lo estoy haciendo en este preciso momento, mediante palabras.

            Slauerhoff, un nombre que sólo en pocos no sabe causar el menor percance, permanece como un misterio que sólo me fue revelado por medio de otro holandés errante, Nooteboom. Traducida recientemente al inglés una de sus obras (The forbidden kingdom), lo único con lo que cuento del gran escritor neerlandés son aquellos fragmentos transcriptos en Tumbas de poetas y pensadores, fugaces pasajes de su diario personal que hoy en día despiertan en mí una curiosidad y empatía que sólo están a la altura del desconsuelo que me genera la indiferencia del secretismo de su lengua vernácula.

            Desconozco cuánto podrá demorar hasta que alguien descifre los jeroglíficos que dan cuenta de sus vivencias, sus innumerables viajes como médico de a bordo, las inefables impresiones talladas con la sensual escultura del verso, o todas esas fábulas que le brindaron con posteridad esa larga vida de la que no gozó a causa de la omnipresente enfermedad que lo arrastró tempranamente a la tierra de la que nunca se vuelve.

            La cuestión es que hay un detalle que me mantiene despierto hasta esta hora de la noche. Me refiero a esos ideogramas del libro en sus manos, que parecen hablarme con la voz de ese mudo que jamás podrá gritar libertad desde su prisión blanca y negra. Con la misma esencia que Oscar Wilde posando con una flor verde en su ojal, oigo un susurro

            De ninguna utilidad

            ¿A qué estará aludiendo con ello?
            ¿Al hecho de estar luciendo un kimono?
            ¿Al libro que, es harto ostensible, no podía comprender?
            ¿O acaso a la fotografía en sí misma?
        Imposible determinarlo. Es un juego de opciones infinitas, un laberinto que se va bifurcando más y más, hasta que se pierde el rastro del origen de las cosas, y entonces comprendo que lo mejor es darle la razón y no pensar demasiado en la futilidad del arte. Después de todo, no se trata de una reproducción de sus pinturas caligráficas, sino más bien el mensaje lúdico de otra impostada fotografía.    








[1] Only in my poems can I make home/I have found shelter in no other form

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