To define is to kill. To suggest is to
create
Desde que somos chicos, no paramos de escuchar la
frase dejá volar la imaginación. Se
repite, una y otra vez, como las marcas que hace un preso en la cárcel para
contar los días. Las palabras son libres, nosotros somos sus prisioneros. Inventamos
reglas para unirlas, y cuando surgen formas nuevas de usarlas, hay quienes
dicen que no tiene sentido. Otros, preferimos llamarlo poesía.
Otra
imagen muy común es la de la libertad de los sueños. Aude anota casi todos los
días lo que soñó la noche anterior. Hace unos días me contó que había viajado a
dos ciudades en Hawai y Alaska, ambas con la letra D. Dillinguer y Dalargui. Ni
bien despertó, las googleó convencida de que existían. No eran otra cosa que un
juego borgeano. Cuando me preguntó cuál podía ser su sentido, lo primero que se me
vino a la mente fue la relación entre las dos D y la palabra francesa dodo, que, como ella me enseñó,
significa dormir. También puede leerse como una directiva de hacer algo (Do!Do!). Incluso, dentro de esa simple
expresión se esconden los sonidos de su nombre. Odd, isn’t it?
Las
coincidencias no abrigan algún sentido intrínseco, pero lo cierto es que, lo
queramos ver o no, existen. A propósito de esto, hace una semana, mientras
volvía a casa por Tucumán, viví una situación más que llamativa. A mitad de
cuadra, un tipo revolvía un tacho de basura, dejando un espacio muy reducido de
la vereda para pasar. En esa encrucijada, un chico de unos cinco años que
vestía una remera con el escudo de mi viejo jardín de infantes (El Salvador) me
miró directo a los ojos. Era una réplica casi exacta mía. Tenía la misma mirada
perdida que se puede adivinar en mis fotos de chico. Lo dejé pasar a él primero
y seguí camino. Una vez del otro lado, pensé en cuál podría ser su nombre. Ni
bien bajé la cabeza al piso (como suelo hacer), sobre una baldosa leí mi nombre
grabado en el cemento todavía medio húmedo.
Cuál
puede ser el significado de ese arrebato esotérico, lo desconozco. Pero el sólo
hecho de haber experimentado ese misterio de probabilidad inmensurable
justifica su breve mención en estas páginas.




