Amelia,
Setenta y siete años pasaron ya
Desde tu último vuelo, desde la última vez
Que fuiste narradora y protagonista
De tu propia historia.
Hoy en día, aún nadie te pudo encontrar
Y tu cielo perdido es un espejo de mi desierto.
Permanecés desaparecida, borrándote poco a poco
En esa vieja, desgastada película
Que se conserva en los rincones de la retina.
Antes que nada,
Te pido permiso para sumergirme
En ese océano de páginas póstumas
Que buscan inútilmente las palabras
Que jamás saldrán de tu boca,
Sellada por las tristes sonrisas
Que forzaba tu marido en su afán publicitario
De satisfacer a un mundo superficial y machista.
Quiero que sepas que te escribo
Porque vos entendiste mejor que nadie
La inefable magia que significa arder
Y que el único combustible de la vida
No se produce de otra manera
Que consumándonos con nuestros sueños.
Es indispensable que se entienda,
Que no te escribo porque hayas sido la primera dama
En cruzar a vuelo el Atlántico, sola o acompañada
La verdadera razón por la que te escribo
Es porque fuiste una de las pocas que supo demostrar
Que, en materia de sueños, no importan los géneros,
Y que a fin de cuentas, hombres y mujeres
Somos igualmente distintos.
Amelia,
Debo admitir que me resulta imposible negar
Que al acompañarte en tu viaje alrededor del mundo
Sienta que la suerte, esta vez, pueda cambiar
O bien sobre el final, me emocione pensando
Que lo supiste todo desde el principio:
Incluso las estrellas se cansan de existir
Y planean su muerte sobre la inmensidad del mar
Porque lo único para lo que nacen
Es para brillar.
Amelia, valiente mujer,
Admiro y envidio tu coraje
Ese mismo que, como bien presagiaste,
Fue el precio que te exigió la vida
A cambio de la paz,
Y adonde sea que estés
Quiero que sepas que voy a seguir buscándote
Esperando encontrarte algún día, quizás,
Y que así pueda descubrir, al fin,
El secreto de tu vuelo.
(Extracto de Diarios)

No comments:
Post a Comment