Tuesday, September 23, 2014

DE DAMASCO





Hoy me senté junto a tus piezas otra vez

Yo, una taza de té contemplando al tesoro del cielo
Que se hunde como un galeón en medio del océano de la noche
¡Cómo si uno pudiera poner todo en algún lugar,
Cómo si se pudiera pretender que existe ese lugar!

En cada sorbo,
Tu templo sonaba en mi silencio
(Con rumores de guerra)

Y mientras tanto,
Poco a poco crecía la desolación de Oriente
Derribando las murallas de la inocencia

Sunday, September 21, 2014

IMAGEN DE F.SCOTT FITZGERALD (Y OTROS FLASHES)






So we beat on, boats against the current, borne back ceaselessly into the past


            No recuerdo bien qué escritor (si Borges o Cortázar) dijo que uno debía escribir como si no entendiese del todo lo que está pasando. Suele suceder que tenga una palabra, una imagen, un título o algún nombre en mente, y que eso dispare lo que llamo improvisaciones, textos que consisten, básicamente, en sentarme a escribir cualquier cosa que se me pase por la cabeza sin entrar en detalle, ni utilizar algún tipo de esquema en particular.

            El jueves me levanté a eso de la una del mediodía, y en medio de toda esa confusión que supone despertar, agarré el celular y encontré un mensaje que decía que había llegado Flappers and philosophers, la antología de cuentos de Fitzgerald que había encargado una semana atrás. Me había tomado el día exclusivamente para estudiar, pero salir a buscar el libro para tomar algo de aire, y de paso aprovechar el viaje para concentrarme y leer un poco, no parecía implicar ningún tipo de riesgo en el resultado del examen de mañana. Una hora más tarde me encontraba arriba del bondi, con el resumen que apenas llegué a terminar antes de bajarme.

            Abajo, al amparo de un cielo prístino, rayaba el sol en lo alto, radiante. Era un día espléndido, un trailer de primavera. Caminé unas diez a quince cuadras poseído por un sentimiento que podría describir como grandiosa serenidad hedonista, pensando que quizás todo debería fundirse en esos breves, (in)significantes paseos.  Mientras cruzaba la vía del tren y veía las mesas afuera de los bares, restaurantes, heladerías y casas de té, en mi cabeza sonaba Near wild heaven como una especie de soundtrack del momento, con las viejas contándose los últimos chismes, los grupitos de adolescentes que miran y se ríen por dentro en sus burbujas micro-cósmicas, las parejas que comparten un milk-shake que tiene sabor a cliché de su falso paraíso hollywoodense, y los chicos que se sientan con sus abuelas a fabricar recuerdos hechos de submarinos que no son amarillos y chocolates sin tickets dorados al final del día.

            Antes de entrar a la librería, llamé a Lautaro – que vive a tres cuadras del lugar - para juntarnos a estudiar por ahí y así alivianar un poco la carga del día. Me entregaron el libro en mano y noté una marca en la contratapa, símil a una estampa para animales pero de color azul. No me importó mucho, ni siquiera exigí que me bajaran el precio por el defecto. Sinceramente, la emoción de tenerlo superaba cualquier otra cuestión. Salí y no ofrecí mucha resistencia al Tea Connection de la esquina, a pesar de que por dentro me acordaba de alguna que otra joda hecha sobre el lugar. Me senté adentro y tiré las cosas sobre los sillones de una mesa que daban contra una de las ventanas. Pedí algo para almorzar, aunque para ese entonces ya eran casi las cuatro de la tarde, y leí por última vez para el examen. Leí hasta que una mujer (de unos cuarenta y largos) me empezó a preguntar desde otra mesa si se podía estacionar a esa hora, si había algún problema con la salida de los colegios. Seguí lo menos que pude la conversación, y al notar que no se iba a callar, al primer momento que se quedó en silencio abrí el libro de Fitzgerald y me perdí en otra introducción más al mundo del Jazz Age. Sabía que hacer eso era un error, porque desde el instante en que mis ojos se posaran sobre una página, iba a ser imposible volver atrás con el estudio. Y, lamentablemente, no me equivoqué.

Tuesday, September 9, 2014

THE SECRET IN HER FLIGHT






Amelia,

Setenta y siete años pasaron ya
Desde tu último vuelo, desde la última vez 
Que fuiste narradora y protagonista
De tu propia historia.

Hoy en día, aún nadie te pudo encontrar
Y tu cielo perdido es un espejo de mi desierto.
Permanecés desaparecida, borrándote poco a poco
En esa vieja, desgastada película 
Que se conserva en los rincones de la retina.

Antes que nada,

Te pido permiso para sumergirme
En ese océano de páginas póstumas
Que buscan inútilmente las palabras
Que jamás saldrán de tu boca, 
Sellada por las tristes sonrisas
Que forzaba tu marido en su afán publicitario
De satisfacer a un mundo superficial y machista.