I don't dream about anyone, except myself
Hoy
tuve uno de los sueños más bizarros de toda mi vida. Para empezar, el escenario
era un submarino. En segundo lugar, la tripulación estaba compuesta (aparte de
mí) por una María Elena Walsh ninfómana y los llamados próceres de nuestro país: Belgrano, San Martín y no recuerdo haber
escuchado otro nombre más, pero dentro del sueño se suponía que había más
personajes. La cuestión era que alguno de ellos me contaba que esta era la
segunda vez que pasaban estos hechos en la historia, y que todos estaban
inevitablemente condenados a ser seducidos por María Elena y que, luego de
tener sexo con ella, iban a ser asesinados violentamente. No leí La interpretación de los sueños, pero
incluso habiéndolo leído o, mejor aún, teniendo a Freud en persona para
explicármelo, dudo seriamente que pudiera encontrar una respuesta a las
invenciones de mi imaginación. Hace mucho tiempo escribí en un papel El sueño/es la droga más potente/contra la
realidad. Después de esto, creo que lo correcto sería eliminar el tercer
verso.
¿Existen
las casualidades o todo está escrito en algún lugar de antemano? Mientras pongo
todo el desorden que tengo en la cabeza en palabras que, a mi juicio, no son
las que proyecto que deberían haber sido, dudo si hay algún tipo de
coincidencia entre el párrafo anterior y This
night has opened my eyes (que está sonando de fondo). Podría haber sido
cualquier tema de The Smiths, pero justo cayó en ese. Coincidencia, asumo, y
echo una mirada rápida a Autobiography
de Morrissey, que descansa sobre la mesa, esperándome impaciente a que vuelva a dejarme
poseer por su mundo blanco y negro. Estoy terminando la primera parte, todavía
no llegué al momento en que conoce a Johnny Marr y, como un cliché de
alineación warholiana de estrellas “Lennon-McCartney Jagger-Richards”, despunta
la meteórica carrera de la banda. Pienso en cuánto tiempo pasó desde la primera vez que
escuché una canción suya, y me río al encontrar entre mis blocks de notas uno
que tiene como título It is no
coincidence that Marr rhymes with guitar. No recuerdo exactamente por qué
escribí eso, supongo que tenía en mente hacer algún artículo sobre el estilo
del guitarrista de Manchester, en donde probablemente agregase una cita de
alguna entrevista a Gallagher diciendo you
can’t play what he plays, he’s a (fuckin’?) wizard (que fue la primera cosa
que me llevó a escucharlo, si mal no recuerdo). De hecho, ahora que lo pienso,
al principio detestaba la voz de Morrissey, tenía el mismo problema que con Bob
Dylan: me gustaba la música, pero sus voces nasales y/o deformes me chocaban,
desentonaban con el resto. Obviamente, como tiendo a hacer con otras cosas en
mi vida, forcé el oído hasta acostumbrarme y, no me equivoco en afirmar que,
hoy en día, me agradan demasiado. ¿Cómo resistirse a los encantos de una voz que suena
como sand and glue (sic. Ziggy
Stardust)?
Volviendo
al tema de antes, otra vez ¿existen las casualidades o no? El tema viene a
colación de que Argentina le ganó ayer a Bélgica y no paro de escuchar en los
programas de televisión universos de conjeturas acerca de todo lo que pasó,
podría haber pasado, o bien debería haber pasado. Que el equipo no jugó bien
pero se mantuvo constante, que después de la salida de Di María ya no fue lo
mismo, que ahora se viene la naranja mecánica y ojo que Robben es un drugo y
nos va a romper todo; nada fuera del protocolo de brillantes propuestas e ideas
que nos ofrece la televisión con su vida auto-referencial. Trato de mirarlo
desde otro punto de vista, pero es imposible, porque hasta yo me doy cuenta de
que, a medida que pasa el tiempo, hablo más y más de mí mismo y dejo afuera
el contenido para llenar el vacío con mi ego. Diseñamos mecanismos de
aprehensión, inventamos realidades paralelas para escapar de los demás,
construimos castillos para refugiarnos de nosotros mismos. Sí, no hay que tener
miedo de decirlo: lentamente nos vamos volviendo locos, absurdos, incluso paranoicos, y sólo en contadas ocasiones podemos dejar todo eso de lado y ver
las cosas como son, sin interponer entre ellas y nosotros exoesqueletos de
nuestras propias quimeras. Como dice T.S. Eliot,
Time present and time past
Are both perhaps present in time future,
And time future contained in time past.
If all time is eternally present
All time is unredeemable.
What might have been is an abstraction
Remaining a perpetual possibility
Only in a world of speculation.
Y a continuación, los versos que dan respuesta a todo,
excepto quizás al sueño que tuve anoche:
What might have been and what has been
Point to one end, which is always present
(Extracto de Diarios)

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