What is freedom but a shout of misery?
Es
bien conocida entre todos los chicos de Cuba la historia de los tres muñecos de
papel. Sus madres, antes de cubrirlos para irse a dormir, han de contarles cada
noche esa historia que ninguno de ellos puede desconocer o, como dicen, se
convertirán en uno de esos muñecos. Yo también fui, alguna vez, uno de esos
niños de Cuba que pedía noche tras noche que le repitieran ese mismo cuento, y
lo que voy a contarles a continuación no es más que el recuerdo que tengo de la
voz de mi madre antes de que me tapara y apagase la luz.
No
muchos años atrás, en una cálida noche de primavera, un artesano llamado Luis
trabajaba a la luz de una lámpara de aceite pintando unos muñecos que
intentaría vender al día siguiente en la plaza de su barrio en la vieja Habana.
Se había quedado despierto más tiempo de lo común, terminando tres muñecos de
papel. Trabajó toda la noche sin parar, hasta que el sol empezó a treparse por la
pared del horizonte y, recién ahí, dio la última pincelada y pudo recostarse en
su silla de mimbre, agotado.


