Un
pueblo perdido en el fin del mundo, un castillo, una avioneta que
aterriza acariciando copas de árboles y sombras de caballos, y un
aviador que atraviesa los cielos para escribir su nombre en estrellas
que alumbrarán algún día planetas lejanos. Si a eso le adicionamos
dos pequeñas princesas, nos encontramos con los ingredientes de la
película de Nicolás Herzog sobre el episodio que inspiró uno de
los capítulos de la novela de Saint-Exupéry, Terre
des hommes.
Oriundo de Concordia, el director entrerriano mamó desde su temprana
infancia el mito local a propósito de la accidental visita del
escritor francés, plasmándolo en la pantalla mediante un collage de
técnicas narrativas. Documental, reportaje y recreaciones en blanco
y negro, fluyendo a través de la voz del protagonista, son los
elementos de los que se sirve para recuperar aquel oasis escondido en
las dunas del pasado.
Sentados
a orillas de ese río de tiempo, la historia se refleja en ambos
lados del espejo. En Concordia, los testimonios de una leyenda
popular y las imágenes de dos mujeres cuya vida quedó marcada por un
hombre de las nubes; en Francia, un palacete abandonado en donde
alguna vez un chico escaló el cielo colocándole alas a su
bicicleta.
Arrogarse
la génesis del Principito en esta experiencia de quince meses es una
característica ineludible de ser argentino, aunque quizás pueda ser
acertado precisar que haya inspirado algún fragmento del pasaje del
zorro si, como aseguran, las princesitas argentinas le enseñaron a
domesticarlos. En cualquier caso, lo relevante aquí es el hecho de
que, cuando se trata de Saint-Exupéry, siempre la realidad se
amalgama con la ficción de forma tal que uno jamás puede discernir
cuánto hay de verdad y cuánto de ilusión.
(Extracto de Diarios)

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