Sunday, June 11, 2017

GLASS, GO!






Centro Cultural Recoleta. Una expo de fotografías de Raymond Depardon. Mientras vamos recorriendo el camino sin indicaciones, Aude me va contando algunas cosas que había escuchado el lunes pasado de boca del artista. África, Sudamérica, dos temas que se repiten una y otra vez en sus retratos como el color rojo, la sangre y la violencia que se revelan en un auto con más agujeros que un gruyere y una peluquería en donde los abrigos y los sombreros dejan su lugar a una AK-47. Las dos últimas, son de la guerra civil del Líbano, tierra natal de mi bisabuelo Vovó. Pienso en el cedro plateado de mi quinta y las hormigas cirujanas que jamás podrán cerrar esa herida siempre abierta que es la memoria.


Caminando un poco más, nos topamos con las favoritas de Aude, Glasgow. Mis ojos se pierden en una fotografía que es escena de un encuentro entre distintos pasados. Una esquina gris, un edificio a lo Physical Graffiti de Zeppelin, y unos chicos que hacen globos de chicle. Hay algo en todo eso que me transporta a un clima de guerra (o posguerra). Un mundo apagándose, calles vacías que se llenan únicamente de chicos que juegan a ser grandes. Cuando llegaban los soldados, ninguno les pedía monedas. Gum, gum, como una malformación de arma, los chicos sabían que no serviría de nada masticar oro. O eso leí en las crónicas bélicas de Steinbeck hace ya casi 10 años atrás.


No creo haber sido muy claro en mi descripción, pero así se me presentan las impresiones e ideas en la cabeza. Un cúmulo de recuerdos, sensaciones vividas (o no), que en algún momento capté con una lente difuminada. Y ahora que lo pienso, no es tan distinto a los retratos de Depardon. En donde un chico posa para un fotógrafo, yo veo un hombre que infla una burbuja rosa hasta reventar, una y otra vez, sin percatarse de que la pérdida de la inocencia es el comienzo de una vasta ignorancia.







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