I
JUST
O’ JAZZ
What John Coltrane does is to play five
Notes of a chord and the keep changing it
Around, trying to see how many different
Ways it can sound.
MILES DAVIS
Esto es una pieza de jazz. O lo que yo entiendo por
jazz, un orden caótico de notas, que no son más que algo que surge de la
generación espontánea (porque de ondas no comprendo nada) y que penetra sin
permiso en nuestros oídos, casi en plena mística, una irremediable y placentera
violación no consentida pero que la disfrutamos como si lo fuera. El jazz tiene
eso, es lo más parecido a un vómito perfumado, está ahí, saliendo de algún
lugar, llámese parlante, auricular, piano o guitarra (si es que sabemos
ejecutar sus jeroglíficos), y nos dice que no tiene forma porque su principal
fuente de vida es la improvisación. Los dedos tienen memoria propia, y se
deslizan como unos locos frenéticos por el mundo que ellos mismos inventan y
destruyen con la velocidad del pestañeo, ese acto impulsivo, mecánico, que se
repite en fraseos y contrafraseos, que para mí son un mantra que me eleva a
algún espacio desconocido que no es el nirvana ni nada que tenga que ver con las
religiones orientales, sino más bien con algo así como un cableado en
cortocircuito zen. Es un tren en todas las direcciones posibles, corriendo como
un relámpago, naciendo y muriendo una y
otra vez en cada estación; es también la futura colisión contra el final de las
vías, o la falta de oro negro en medio del camino. El jazz puede ser todo lo
que vos te imagines, principalmente, porque es de todos y pertenece a nadie,
así que depende de cómo uno lo escuche, lo sienta, lo vea, lo perciba, lo
trague, lo digiera, lo utilice como fuente de inspiración o lo rechace porque
le cae muy pesado. Para mí tiene mucho de lluvia, mucho de descarga de las
alturas para hacer que algo como la tierra y el concreto se apoderen de su
esencia y la hagan sublimar hasta nuestras narices, y aspiremos esa droga en
forma de redondas-blancas-negras-corcheas- semicorcheas-fusas y, sobre todo,
semifusas (el jazzero es adicto a esas porquerías que casi ningún otro animal
musical necesita para respirar).
El
contrabajo es medio cortamambos, siempre se cuela como las ratas, con su voz
entre rasposa y agradable, como si por entre las efes aspirase todo el humo del
mundo, como si adentro suyo escondiese un Tártaro en el que fuman todos los
titanes desterrados desde el principio de los tiempos. Tiene bigotes largos,
como los gatos, y si se los cortan, pierde su dirección, y cae en la depresión,
no se puede levantar, es el alcohólico Evans sin un piano a mano. Pobre, siento
bastante compasión por su trabajo, que pocas veces es tan respetado como el de
los otros instrumentos, siempre de fondo, lo negrean bastante... supongo que
eso tiene que ver con que tiene una sola pata y a nadie le gusta poner al
frente algo deforme. Y sin embargo, me agrada su forma de cantar, me hace
acordar bastante a la voz de Tom Waits en los primeros dos o tres discos, antes
de que se tomara la mitad del aguardiente del universo y agarrara sus cuerdas
vocales y las tirase al medio de la Quinta Avenida para que las rectifique un
ejército de autos y camiones (Freeway
cars and trucks), y recién pasarlas a buscar una vez terminado el invierno.

