Thursday, February 22, 2018

ERLEND, OYE







Lo descubrí un día estudiando en un Tea Connection. La palabra courage se repetía una y otra vez, fue lo único que retuve y que bastó (además de Google) para encontrarlo. A partir de ahí hubo una serie de hallazgos escalonados con sus distintos proyectos musicales. En una disquería de Bruselas compré la frase quiet is the new loud y en Camping me sorprendió con una tapa que llamó mi atención más que sus tonadas reggae. Un músico fetiche, quizás, siempre quise convencerme cada vez que mencionaba su nombre y recibía una mirada de desconcierto. Cada tanto, uno tenía la suerte de charlar un rato con uno de sus desperdigados fanáticos, aunque eran más las veces que uno lo recomendaba y no con buenos resultados en un país anclado en el viejo astillero del rock.

Veinticuatro horas antes del show compramos las entradas tras una indecisión del tercer integrante de nuestro grupo, sorprendidos de que aún quedaran disponibles en todas las localidades. A mitad de camino entre el escenario y el fondo de la tribuna del teatro Ópera, nos acomodamos más adelante de lo que debíamos gracias a la ausencia de público que, poco a poco, fue suplida por la proximidad del primer acorde.